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lunes, 5 de julio de 2021

CAPÍTULO 18 III

UNO CONOCIDO Y OTRO DESCONOCIDO

Los días iban pasando, y el amor que Lupe sentía por Ignacio iba creciendo. Era inevitable corresponderle los besos que él le daba descuidada; ya no era robos de besos, sino que esos besos eran correspondidos.

Poco a poco se fue alejando de Mario, sin ninguna explicación, sino que simplemente le ponía escusas para no verlo. Cada vez se le hacía más fácil decirle que estaba ocupada o que estaba enferma. Mientras que Mario la pensaba a cada instante y se decía:

-No es la misma, jamás me daría un no de respuesta.

Las citas de cada semana se convirtió en cada quince días y veces hasta cada tres semanas que no se veían, sin embargo, Lupe no tenía el valor de romper su compromiso con Mario, porque aún existía ese cariño que una vez los unió. Muchas veces, Mario visitó a los padres de Lupe para saber si todo se encontraba bien, pero los padres, no tenían respuestas a sus preguntas, por lo que Mario se sintió impotente por la actitud de su prometida.

Sus obligaciones no le permitía ir más allá de lo que era necesario, por lo que quiso también respetar su espacio, darle unos días para que pensara.

Mientras ese espacio Ignacio aprovechó para acercarse aún más a Lupe, y seguir conquistándola con hermosos detalles y bellas atenciones.

-¿Quieres ser mi novia?

La sorprendió Ignacio de rodilla, con un anillo con el diamante más grande que Lupe jamás haya visto. Estaba tan emocionada que solo pensaba en ese momento mágico en donde solo existía ella e Ignacio.

Lo primero que se le vino a la cabeza fue a Mario, su amor sincero y honesto, pero a la vez amaba a Ignacio, era su sonrisa en ese instante, el vivirlo, se imaginó una vida eterna junto a él.

-Sí, sí, sí Ignacio, claro que sí… Ignacio

Ignacio se levanto le puso el anillo en su dedo anular para luego cargarla y besarla.

LOS ERRORES CUESTA CARO

Por primera vez a Regia se le salió todo de control, lo pensaba muchas veces y no entendía como había cometido un error tan tonto. Sentir algo por el hermano de su enemiga y más que eso tener alguna emoción por quien siempre ha luchado en su vida.

-¿Wichito en dónde estabas? ¿Por qué me dejaste sola?

-Se me perdió de vista… no sé en qué momento

-Siempre supo Wichito que lo vigilábamos, siempre supo que nosotros estábamos allí…

Recordaba ese beso, era tan diferente de lo que había sentido con Gabriel. Ya que Gabriel era algo casi obligatorio y era ella quien llevaba el control. Sin embargo, con Martín, era a voluntad propia, pues lo hizo por iniciativa propia y no por compromiso. Su dominio por ese hombre hacía ella le dio un poco de temor

Recordaba sus labios, su cabellera larga y sus ojos profundos. No podía olvidarlo, más bien, no quería hacerlo y lo revivía cada noche. En muchas noches fue su alivio de las constantes pesadillas que la seguía y era una sensación de tranquilidad pero que a la vez la perturbaba.

 No sabía si era amor o atracción pero lo que sí estaba segura es que no lo dejaba de pensar. Por lo que decidió traer de vueltas a Gabriel, quien era el único que podía olvidar ese recuerdo imposible.

Después del beso, Regia le dio otra cachetada.

-Eres un atrevido pervertido

-Acaso no sabes quién soy

-Sí claro que sí sé quién eres… eres una mujer hermosa y deseable

Regia se sonrojó y luego agregó

-Soy Regia Del Monte y conmigo nadie se mete

En eso llegó Ignacio, y tomó por el hombro a Regia y Martín finalizó:

-Te voy a buscar Regia Del Monte, cuando yo quiera y donde sea… espérame dama.

SEGUIR EL CAMINO

Gabriel seguía su camino, poco a poco fue levantándose con mucho esfuerzo. Aunque a veces sentía desvanecerse por los cambios que habían surgido en su vida. No era fácil superar de una muerte casi segura y en la  que ahora padece las secuelas de un cuerpo algo débil, las cicatrices y los pensamientos que constantemente lo llenaban de ira.

Su luz era esa mesonera quien con su apoyo lo ayudaba a sonreír y ver a vida de otra manera

-Ven caminemos juntos –decía ella después del trabajo.

En la madrugada caminaban por la calle mientras el rocío del amanecer le pegaba en sus cuerpos y veían como el sol salía por el horizonte, alumbrando con sus rayos de luz las plantas, la tierra, los ríos, las gentes y todo aquello que pertenecía en el planeta.

-¿Qué hermoso amanecer Gabriel?

-Simplemente bello –contestaba él risueñamente

Quería decirle que sentían algo por ella, pero no se atrevía involucrarla en su vida tan difícil, estaba en juego en dejar a un lado su venganza contra Regia, o estar con Stephanie y empezar una vida nueva.

Cada día mirando el amanecer y regresar junto a ella con los deseos de tomarla de la mano, mientras Stephanie también tenía su historia complicada sin resolver. Helena cada día la llamaba para presionarla y así que regrese a casa, respuesta que cada día decía que no.

-¿Qué hago Gabriel?

-Quédate conmigo que te protegeré…

Hacían un equipo en la que los dos calzaban muy bien. En el trabajo y en las horas libres siempre estaba unos por el otro.

Uriel que ya le había dicho a Martín de la relación tan cercana  que había entre  Stephanie y Gabriel, se propuso alejarse al recibir las órdenes de Martín.

-Déjelos Uriel, utilicemos a este hombre para acercar a Stephanie a la familia.

sábado, 3 de julio de 2021

CAPÍTULO 18 II

COINCIDENCIA

No era raro ver a Regia en cenas y reuniones con las damas de sociedad, promocionando su marca y haciendo obras de caridad para los niños desamparados. Aún cuando tenía un corazón frío y ausente por la compasión de su semejante, afloraba en ella ese carisma en ayudar a los demás. No era la apariencia y darse el lujo obtener lo mejor sino también poner en alto aquel patrimonio que desde niña obtuvo desde su bisabuelos. Reinaba la paz y la armonía porque nadie invadía su espacio, ya que era dueña de ese poder que tendrían de su padre en un futuro y no le quedaba más nada que mantener la futura herencia de su padre.

Para ella Joe representaba un peón en la que podrían mover a su conveniencia. Y si algún día Joe representa un peligro pues lo quitaría del medio, sin que le temblara la mano, de la única forma que sabe hacerlo. Mientras tanto solo lo deja que haga lo que él crea conveniente. Y a su padre que termine hacer sus caprichos.

Rafael que creía que su hija era delicada, porque eso era lo que ella da demostrar ante sus ojos, le brindaba toda la confianza que ella necesitaba para manejar los negocios que ella quería.

Regia no dejaba nada a la suerte, nada se le escapaba. Rafael creía que ella no sabía nada de sus andanzas con Karen. Al contrario llevaba sus pasos contados y hasta el último centavo que Karen gastaba sin remediar los gastos, sin embargo decía:

-Es un caprichito de mi padre…

Ignacio miraba a Regia y sabía que en su rostro se reflejaba una inquietud, esa misma cuando sabía que alguien le estorbaba el camino.

-¿Qué piensas hacer Regia? –le decía Ignacio las veces que veía las cuentas y se llenaba de rabia por los gastos que esta hacía.

-Por ahora nada.

Sólo sabía de Karen el nombre ya que en ningún lado se encontraba registro de esta mujer misteriosa. Solo de haber trabajado en el bar de Uriel.

Mientras tanto Ignacio le seguía los pasos para saber si cometía un error y así poder actuar. Pero nada encontraba porque la vida de Karen solo giraba alrededor de Rafael.

Decir que la vida de Regia estaba actuando al azar, era una falsedad, todos sus pasos estaban contados para cada día; su perfeccionismo tanto su vida, personalidad y cuerpo propio estaban dirigido hacia la pulcritud, el buen gusto y una imagen sin tachas.

Hasta aquel día cuando todo se salió de control. Era una noche de etiqueta, donde las damas se presentaban en el té de las damas blancas. Las mujeres llegarían al salón vestidas de blanco, tomarían té mientras charlaban de posibles ayudas a jóvenes enfermos por el vicio de la droga y harían recolecta de dinero.

De alguna forma se subastarían objetos antiguos y así con lo recaudado formarían la campaña contra la droga, así como asistencia social para niños con droga.

Había comenzado la subasta cuando apareció Martín, en traje de blanco, con reloj y cadena de oro, y zapatos pulidos también totalmente blancos. Se sentó en la última fila de la subasta. Sin perder tiempo comenzó la subasta, primero un cuadro de un artista conocido y famoso, seguidamente, un juego de vajilla de plata con incrustaciones de perlas y cuarzos, un crucero con todos los gasto pagos por alrededor del mar Caribe y así se iban mostrando cada pieza de valor que podrían traer muchos beneficios a la fundación. Por lo que no podría faltar la participación de Martín, quien Regia conocía y sabía la procedencia de su dinero, que parecía ser contradictorio estar allí presente si cuando en su propia familia  llevaban a la perdición a miles de jóvenes.

Martín para ayudar a la fundación y quien se escondía detrás de una fachada de lavado de dinero a través del negocio del  turismo, una empresa de distribución de alimentos y otras más pequeñas empresas que en realidad no producían tanto dinero como que el verdaderamente realizaba.

-Es hipocresía lo que hace usted y su familia hace –dijo Regia en un momento

-Mi dinero al igual que el de ustedes es bien ganado –le contestó Martín

No se podía evitar aceptar el dinero que Martín ofertaba, ya que había alcanzado ofrecer el la cantidad más alta que nadie pudiera superar.

Las relaciones y conversaciones seguían, un asunto, intercambios de ideas, la comida, unas copas y otras copas. Ignacio que siempre cuidaba de Regia no se le apartaba de su lado, cuidaba de los comentarios y estaba atento de cualquier situación que pudiera salirse de control, pues estaría allí para defenderla. Ignacio aprendía muy rápido, y se grababa las conversaciones y dichos de cada uno, también las de Martín quien lo seguía por orden de Regia.

Martín que estaba atento de lo que sucedía a su alrededor, y quien también estaba acostumbrado a cuidarse las espaldas sabía que Ignacio lo seguía. Por lo que disimuló ir a la cocina e Ignacio lo perdió de vista.

No tardó que Regia se apartara del gentío para que Martín la detuviera y le dijera:

-¿Por qué me sigues? Acaso crees que soy tonto.

-Sigo a quien me da la gana

-Eres una niña mimada y estúpida.

Regia sin pensarlo dos veces le dio una cachetada, Martín le devolvió con la misma respuesta, ella trató de devolverle otra más y él la tomó por la fuerza y se le acercó a los labios, ella trataba de alejarse con golpes hacia Martín, pero él la tomó más fuerte y la besó, ella empujaba pero poco a poco fue cediendo lentamente hasta que lo abrazó y le correspondió el beso.

¿QUIÉN ES ELLA?

No sabía quién era, pero lo hizo sentir diferente, había revivido aquel sentimiento que jamás pensó sentir otra vez, por primera vez después de tanto tiempo, acomodó su habitación, lavó los platos y reía de felicidad. No sabía lo que vendría pero lo que sí estaba seguro era que le gustó muchísimo esas noches placer que tenía con Helena y seguiría amando a esa mujer si se lo permite.

Xavier, era otra persona, ahora más jovial y alegre, poco a poco dejó de asistir al bar, y comenzó a ponerle atención a su trabajo, sobre todo a seguir buscando a su hijo que era su objetivo principal.

Diana no proporcionaba más de lo que sabía por lo que comenzó a buscar a la partera, mientras tanto, seguía viéndose con Helena cada semana, bajo las condiciones que ella misma impuso y que él no entendía. Pero solo le importaba tener su cariño, y trataría de disfrutar al máximo aquellos momentos que llegó a su vida en el menos esperado.

REVUELTA

Javier surgía en su puesto de tacos, cada día le llegaban clientes, sobre todos en el atardecer y parte de la noche. Llegaba en la noche cansado a la casa, pues era la primera vez que verdaderamente tenía un trabajo fijo.

-Creo no poder más Kimi

Kimi se le acercaba y le daba un masaje por la espalda mientras lo animaba

-¡Claro que sí mi amor! Ya verás que saldrás adelante y podrás ser lo que siempre has deseado.

-Tú sabes bien lo que deseo Kimi… y no es precisamente estar esclavizado a este trabajo… quiero un porche, muchos viajes, ir a donde me dé la gana, comprarme lo que quiera…

-Mi amor pero para eso hay que trabajar, nada se obtiene de la nada, hay que esforzarse mucho

Javier guardaba para sí mismo, aquellos deseos que jamás le revelaría a Kimi y era que en cualquier momento la dejaría. Pero Kimi que venía lidiando desde hace años las ambiciones de Javier pues sabía sus intenciones.

Sus deseos más vehemente era estar en la playa, rodeado de una o dos mujeres que le dieran mucho placer. Quizás hoy tener una mujer entre brazos y más adelante a otra. Por lo que Kimi reía de la picardía de Javier, porque sabía que no lo dejaría tranquilo en su fantasía.

-Y no le pediste dinero a don Rafael cuando hablaste con él en el bar

-¡Tú estás loco! No, jamás le pediría dinero.

-No nos caería mal ese dinero extra Kimi.

-Ya nos ha ayudado demasiado durante todos estos años

-Tú fuiste quien le salvó la vida Kimi… tú mereces mucho más que eso… y lo sabes bien.

-Ya deja de estar pensando así

-Por tu procedencia  nunca salimos de aquí, siempre estaremos en este mugriento barrio.

-Aquí, Javier, pues, aquí es mi trabajo, aquí está mi gente a quien puedo ayudar, aquí es mi casa y la tuya también, aquí es donde me siento libre y puedo ser yo misma… así que deja de estar pensando en pendejada y coloca el bombillo del baño que es tarde.

viernes, 2 de julio de 2021

CAPÍTULO 18

 TAL PARA CUAL

Rafael se sentía cada vez más a gusto al lado a Karen, pues ella tenía la magia de la picardía de una mujer ardiente. Era lo que necesitaba Rafael para revivir el amor que había dejado sentir desde hace tiempo. Con Diana era la satisfacción de una noche, que muere por su amor, pero es tan dominante que le inspira un poco de temor de entregarle su amor, sin embargo, con Karen era diferente, ella es libre de amar y odiar, tomar y dejar, es cuando ella diga y disponga; y eso vuelve loco a Rafael. Lo ama y lo deja, se va y viene cuando quiere. Con solo tres palabras y un susurro en la oreja de un “te deseo” Rafael condecía lo que ella quisiera.

Noches de placer y lujuria Rafael había pensado en entrelazar ese amor en un anillo. Pero no antes de hablar con su hija.

-Quiero que conozca a mi hija

-¡Ay no mi amor! No te apresure… sigamos así disfrutando.

Rafael toma a Karen por la cintura, para luego decirle:

-Me vuelves loco muñequita, me traes arrastrando a tus pies, y te quiero junto a mí princesita…

Ella roza su nariz con la de él para luego agregar:

-Lo sé mi osito, pero no quiero apresurar las cosas.

Mientras tanto, a Karen que no le importa lo material, se paseaba por los alrededores del hotel, utilizando la piscina, el carro del hotel, las rutas turísticas, compras de ropa de marca, peluquería y con tarjeta sin límites.

UN POCO DE TANTO

Lo último que recordó Xavier fue que Raquel había cerrado la puerta. Estaba tan embriagado que se había quedado dormido. No recordaba nada más. Apenas si había despertado, cuando recordó que alguien lo acariciaba, era una silueta de una mujer que lo acariciaba y él correspondía. En su imaginación pensó que era Marisol por lo que fue feliz. Unas caricias, unos cuantos besos y la alegría fluyó como si nada.

Se sentó en la cama, puso sus codos en sus piernas y sus manos en su rostro, pudo oír un ruido en el baño, por lo que se levantó, y caminó el lugar. Entre el mareo y los recuerdos. La mujer de cabellos largos le cubría el rostro de profundos besos, y caricias, quitó los botones de su camisa  y luego la cremallera del pantalón. Por más que Xavier decía que no, pues era más el deseo que cualquier que lo envainaba y se apoderaba de él. Una noche de desenfreno y pasión de quién era que importaba ya, quizás lo había soñado, siguió caminando y abrió la puerta. La silueta de la mujer se reflejaba a través de la puerta de vidrio corrediza, el paño por un lado  y la panty tirada en el suelo, siguió caminando y trató de llevar hacia un lado de la puerta de la ducha.

-Marisol mi amor te amo –Era lo que pensaba Xavier –Nunca te fuiste Marisol.

Pero al mismo tiempo se sentía nervioso porque sabía que en la vida real Marisol no estaba a su lado. No sabía que se encontraría por lo que se devolvió, y quiso marcharse, pero escuchó una voz dulce y tierna.

-Xavier ven conmigo

Xavier se detuvo, sabía que había escuchado esa voz anteriormente, y recordó.

-Es ella, no lo puedo creer, por qué ella… en qué momento.

Era una atracción desde aquella noche en el bar cuando ella lo miraba con ternura, muchas copas que le llegaba a Xavier como regalo de esa mesa. Y que ese momento aceptó porque el mundo le parecía una miseria y quería hundirse en el licor.

Sintió que podría haber algo entre los dos  y por un momento se imaginó un mundo para los dos, pero quien se fijaría en un borracho como él, así que siguió en un mundo entre el licor y olvidar el pasado. Ella era diferente, educada, de buena familia. Con un poco de miedo Xavier volteó y miró sus ojos, en ese instante, no pasaba nada por su mente, por lo que caminó hacia Helena, la tomo `por la mano mientras el agua caía en sus cuerpos.

LAS DUDAS

Se encontraron en un café inesperadamente por petición de Lupe. Ella sabía que había descubierto algo muy importante pero que no le encontraba sentido. Y recordó aquella vez que le dijo a Mario que buscaría cualquier pista que encontrara en esa casa. Y no perdería la oportunidad de decirle a Mario lo que había visto.

-Mi amor, sabes que te amo –decía Mario a Lupe

Esta vez Mario había notado algo diferente en Lupe, en varias ocasiones despreció sus besos y siempre tenía una escusa al momento de tomarle la mano.

-Lo sé amor, sé que amas y te doy gracias por ese amor tan puro que me ofreces.

-Entonces que te pasa…

Por un momento Lupe, pensó en decirle pero se detuvo.

-Nada mi amor, solo un poco de gripe.

Mario la miró y se reservó las palabras, aún sabiendo que su corazón no era el mismo de siempre.

-Encontré esto en mi habitación

Mario tomó el celular y lo encendió, encontrándose muchas incógnitas, rompecabezas sin resolver, volvería al caso.

-Lupe, te puedo pedir que renuncies a tu trabajo

Fuel lo primero que se le vino en cabeza a Mario, para protegerla de cualquier peligro que se pudiera venir.

-Amor estoy bien, sé cuidarme

-Por favor, te voy a pedir que cualquier signo de peligro por favor llámame

Nada en ese momento detenía a Lupe estar en esa casa pero había algo más fuerte que le decía que era mejor quedarse allí. Era ese amor diferente e inseguro, era ese amor de ambición e impreciso, ese nuevo sentimiento prohibido que iba creciendo y se apoderaba de su ser, de ojos risueños y algo presumido, era ese hombre que cada día la sorprendía con un detalle y un te quiero, era Ignacio.

jueves, 1 de julio de 2021

CAPÍTULO 17 V

 DESPUÉS DE ESO

Había pasado un año desde que Erika murió. Marisol su cómplices. La familia Del Monte, quedó como la víctima de una mujer asesina, por lo que le dieron la fama a la red hotelera de Rafael. Todos querían asistir al hotel donde Gabriel desapareció de vista. Los reportajes eran frecuentes en las diferentes redes sociales y todas las familias de la ciudad la conocían, hasta los niños que comenzaban a tener conocimiento hablaban de la familia Del Monte.

Regia había asumido más responsabilidad que tenia con la sociedad. Las obras de caridad, las damas de blancos, la ayuda a las escuelas y Regia comenzó hacer dispensable para muchas iglesias que necesitaba de su ayuda.

Ignacio le había comunicado sobre el paradero de Gabriel. Pues se encontraba en el bar de Uriel. Para ella mientras lo mantenía a la vista no representaba un peligro. No era el momento de actuar, pues sus ocupaciones no le permitía pensar en otras cosas que no fuera de ser la mujer más popular del país.

Parecía haber olvidado aquella Regia del pasado, aunque a veces tenía pesadillas con el sacerdote Claudio, Marisol o la mismísima madre. Se levantaba en la noche con el corazón agitado y veía a Daniel caminar muy cerca de ella o a Mía suplicar piedad. El rostro de la Guaricha y Manuel en la cama. Luego de caer en cuenta que solo era pesadilla se sentaba en la cama y decía;

-Regia cálmate es una maldita pesadilla.

Con el temple que tenía y el carácter regio que la caracterizaba, terminaba en la silla, ida de la realidad, con Ignacio a su lado peinándole su larga cabellera.

-Aquí estoy Regia, tranquila, mi pequeña Regia te voy a cuidar…

Había asumido su nueva vida, quería dejar el pasado, como lo prometió al sacerdote Claudio allá en la iglesia ante de Dios. O la hizo cambiar esa última vez que vio a su madre en aquella noche al despedirla de la casa, donde  le dio un beso en la frente, sin saber que era la última vez que la vería. Y sobre todo el valor que tuvo su madre al quitarse la vida solo para que no fuera descubierta. Era una promesa entre las dos, quien fuera descubierta primero se quitaría la vida para no delatar a los involucrados y llevar a la tumba cualquier secreto.

ALGO DE MARISOL

Lupe casi no sentía libertad en la casa, en su tiempo libre se iba al jardín, o se quedaba encerrada en su habitación, con tal de no encontrarse con Ignacio hacía lo que fuera. Y no era porque se sentía mal por los besos robados o la miradas provocativas de Ignacio, sino por aquello que sentía por él, cada día ese amor iba creciendo, y aún cuando sabía que el amor que sentía Mario por ella era más conveniente que lo que sentía por Ignacio, pues no dejaba de pensar en él. Era tan difícil de escoger a uno de los dos. Y el miedo la carcomía por dentro que prefirió quedarse en su habitación.

En su habitación Ignacio toco la puerta.

-¿Qué haces aquí Lupe? Te busqué en la cocina

-Disculpa me duela la cabeza

-Sabes que no aguanto las ganas de no verte, quiero verte a cada rato Lupe, me vuelves loco, quiero abrazarte, darte un beso, sentir tu piel junto a la mía… te amo Lupe y ya no lo puedo negar… el no verte me vuelve loco

Ignacio caminaba hacia ella, mientras ella retrocedía, impaciente y nerviosa.

-Por favor, aléjate de mí, no quiero verte, dame tiempo para pensarlo…

-No tienes nada que pensar, soy el hombre de tu vida, quiero estar allí cuidándote y protegiéndote.

Ignacio se le acercó tanto que ella no pudo resistir su aliento muy cerca de ella, por lo que lo abrazó, cerró sus ojos y sus labios se juntaron para sentirse uno a al otro. Era verdad lo que sentía Lupe por él, en su estómago sentía mariposas que la llevó volando al espacio.

-Lupe te amo

Ella reaccionó y se acordó de Mario, por lo que lo empujó y se le cayó el cepillo que llevaba en mano. Ella se agachó y vio algo raro en el suelo, pero disimuló y levantó el cepillo.

-Ignacio, por favor dame tiempo… Mario sigue siendo mi novio y debe respeto de mi parte… Mis padres lo aceptaron como mi prometido y se me va hacer difícil terminar con él… mientras tanto deseo que respete mi decisión.

-Piensa lo que quieras, pero sabes bien que nunca voy aceptar un no de respuesta, tu eres mía, te quiero para mí, yo te voy hacer feliz Lupe.

Ignacio le tomó por el mentón y le dio un beso en la frente mientras ella cerro sus ojos.

Ignacio dio medio vuelta y se retiró de la habitación, ella corrió y pasó seguro a la puerta y se dirigió al suelo, y entre el suelo y la pared había una abertura y en ella estaba un teléfono. Sabía que era de Marisol, porque se lo había visto y llevaba la letra M hacia un lado.

Al cargar el celular, comenzó a mirar las fotos y vídeos, en ella se mostraba a la señora Erika con Joe, besándose, luego Marisol con la ropa puesta de la señorita Regia y finalmente el baúl que de repente desapareció de la habitación de Regia como si nada, con un traje negro y una máscara de porcelana.

Lupe se asustó tanto de lo que había descubierto que llamó a Mario.

REMPOVER EL PASADO

Xavier se había convertido en cliente fijo del bar, no veía a las bailarinas como objeto sexual, sino como amigas. Recibía de Stephanie algunos entre mesas para pasar la embriagadez. Aunque desde que supo que tenía un hijo, había decidido descubrir quien era ese niño.

Ya no era para pasar la pena  de haber perdido a Marisol, sino por encontrar ese hijo, que solo Diana sabía la verdad, que por lo menos eso era lo que pensaba.

-¡Hola Diana!

-¡Hola Xavier!

-¿Cómo está Diana?

-Muy bien y tú

-Ya sabes lo que quiero Diana… quiero el nombre de esa familia.

-No lo sé Xavier, por lo que más quiera… esa noche fue borrosa para mí, solo sé que estaba sola, me moría de miedo, y no sabía de mí

Mientras Xavier se recuperaba de las bebidas, comenzaba a utilizar el dinero que le dejó Marisol en buscar a su hijo. Había asistido al registro civil, a las parteras que él conocía y hasta los hospitales de la ciudad en busca de información. Hizo cálculo de la edad del niño y veía en cada joven el rostro de su hijo y cada día se hacía ilusión.

-Me estás engañando Diana… nunca tuviste un hijo conmigo.

-Puedes pensar lo que quieras, ya tengo mi conciencia tranquila…

-Por favor dime…

-Es la verdad que no lo sé…

Xavier estaba lleno de impotencia, y más que eso de injusticia, pues jamás se le preguntó si quería o no tener el hijo.

Esa noche se le acercó Delia, que supo que esa noche tenía un fajo de dinero en mano. Era la primera vez que lo vio con tanto efectivo.

-Te has vuelto parte de nuestra casa… a veces hasta pienso que eres empleado.

-Delia deja las payasadas y vete de mi vista.

-Eres muy arrogante Xavier… sabes que te puedo llevar a las nubes si me lo pides…

-Vete al carajo…

Raquel que estaba cerca, y que sabía como era de insistente Delia cuando se le antojaba un cliente, se les acercó:

-Xavier querido vente…

Xavier sin saber porqué se levantó de la silla y siguió a Raquel. Por primera vez, pasó por ese pasillo donde las bailarinas cada noche caminan antes y después de bailar. El olor a baño de crema, incienso, perfume y café se paseaba por el ambiente. Un camerino y otro, y más allá el salón, entraron a una habitación.

-Quédate aquí Xavier mientras vuelvo –Dijo Raquel al colocarle una almohada en su cabeza

Era la primera vez después de tanto tiempo que Xavier se había sentido protegido y amado. Se le había olvidado tocar la mano a una mujer. Solo recordó ver a Raquel cerrar la puerta antes de quedarse dormido.

UNA LUZ

Gabriel cada día, iba tomando más fuerzas, aprendió donde pedir las bebidas, las comidas y hasta entrevistar a las chicas del bar. Ya no se ocultaba. Parecía estar conforme en el lugar, hasta el punto de pensar en abrir su propio bar.

De vez en cuando caminaba por las cercanías del bar, trataba de ponerse en forma, practicaba defensa personal e iba a sus consultas médicas. A veces lo acompañaba Stephanie quien los dos se juraron cuidarse las espaldas. Stephanie se sentía protegida cuando un guarda espalda enviado por Martín mandaba a buscarla y Gabriel la acompañaba.

Hasta Helena llegó a pensar que era su novio y lo aceptó en la familia. Por su parte, en el corazón de Gabriel solo existía un objetivo que se llamaba Regia Del Monte. No quiso ir a la comisaría porque no tenía pruebas que demostrar que fue ella quien trató de matarlo, además prefirió tomar justicia por sus propias manos aún cuando eso lo llevara a la cárcel para toda su vida. 

miércoles, 30 de junio de 2021

CAPÍTULO 17 IV

 ENTRE UNO Y OTRO

Lupe estaba nerviosa, no sabía por quien decidirse, por un lado estaba Mario, un chico moreno de ojos café, de tiernas palabras, amoroso y  de un carácter recio y muy precavido, y por otro lado estaba Ignacio un chico trigueño, cabello lacio de ojos risueños, algo presumido, pedante pero detallista, romántico y atrevido.

Dos hombres diferentes despertaban en Lupe la intriga de conocerlos. Maldiciendo cada vez que pensaba en Ignacio porque sabía que era ambicioso y siempre estaba detrás de la niña de Regia, pero sentía mariposas en su estómago y no podía evitar ese sentimiento  todas las veces que lo miraba. Lo tenía en casa de día y noche, sin embargo, con Mario salía únicamente los fines de semana, y que no podía mentirle porque con solamente mirarle podía descubrirle lo que había en su corazón.

-Lupe dígame donde se encuentra las servilletas por favor –Decía Ignacio mientras le robaba un beso.

No le importaba que estuviera haciendo Lupe, pues siempre la buscaba y le regalaba una flor, un caramelo, un chocolate o un beso. Su amor fue creciendo de a poquito.

-¿Cuándo le vas a decir al poletucho que eres mía?

-No soy de nadie… además usted y yo no tenemos nada.

-Para lo que a mí me concierne sí tenemos algo… o se lo dices tú o se lo digo yo…

-No Ignacio, solo somos amigos, que no se te olvide…

Mientras en otros momentos, cuando Mario la pasaba buscando a la casa como de costumbre cada viernes por la noche, se dibujaban una casita junto a la montaña jurándose amor para toda la vida, con varios hijos, un perro, un gato, un modesto carro familiar, en la tranquilidad y paz.

UN RAYO DE LUZ

Rafael seguía en la cama en su ordenador haciendo cálculos de uno de sus negocios, como cada mañana, pero esa mañana era diferente, esa mañana era tan feliz  que ni podía evitar que su rostro mostrara su felicidad. Ella se encontraba en la ducha tan feliz como él, aunque en realidad él era más feliz. No podía creer tener en sus brazos a esa mujer que alguna vez lo deseo muchísimo.

Recordaba esa noche donde estaba contento y el ambiente se propiciaba a esa felicidad, pero  sabía que muy en el fondo de su corazón existía la tristeza. Necesitaba a alguien en su vida que lo hiciera revivir esa llama del romance porque estaba cansado de la falta amor y comprensión. Simplemente pasaba de una mujer a mujer sin poder decidirse con quien estar.

Estaba Kimi junto a él celebrando sin saber qué celebraban, mientras Diana más allá que no dejaba de mirarlo aunque él de vez en cuando le mandaba un brindis. Stephanie que con su inocencia lo hacía sentir más joven y   en la pista estaba Raquel con sus medias blancas que lo volvía loco, esa noche era cualquiera de las cuatro.

Diana que tanto amor le ha demostrado y él a ella, sentía una gran pasión y sobre todo mucho respeto, por otro lado Kimi, siempre adulándolo y haciéndolo sentir como el poderoso de la ciudad, Raquel que le tenía deseos desde que entró y Stephanie jamás la había tocado.

No tardó cuando entró Xavier al bar, por lo que captó la atención de Kimi, y más atrás Diana que necesitaba ajustar cuentas. Por instante Kimi se despidió de Rafael y se adentró al camerino de Diana. Por su parte Raquel terminaba su número cuando se acercó a la barra, Rafael se le acercó con insinuaciones:

-Raquel quieres una copa

-Sí por supuesto, muchas gracias don Rafael

Ya habían estado juntos en el pasado, solo una vez. Pero esta vez, era diferente, ya que Raquel estaba comprometida con David.

-Ahora no Don Rafael, estoy comprometida

Raquel señaló a David como diciendo que él era su novio.

-Me alegro por usted Raquel, pero guarda mi número si por algún día usted cambia de parecer

No podía creer que esa noche iría solo a casa, jamás le había pasado antes. Aunque no le quedaba esperanza quiso intentarlo con Stephanie.

-Te ofrezco mi dinero niña, ven conmigo… ya no eres una niña… además te digo que eres muy bonita

-Muchas gracias señor Rafael, el mismo dinero que tiene usted lo puedo tener yo si asó lo deseara, como usted ya sabe soy hermana de Helena y Martín, y si sabe que usted me está ofreciendo dinero, pues dejará de existir.

Uriel que observaba lo que sucedía  lo llamó aparte para ofrecerle otras chicas que pudieran cumplir sus necesidades.

-No Uriel, muchas gracias… me voy a casa, no quiero nada esta noche

Rafael salió del bar, se montó al carro, siguió su camino como lo había hecho en otras noches. Casi decepcionado y quizás con nostalgia por haber perdido a su esposa, que por lo menos lo esperaba en las noches. También se había decepcionado de Diana que esa noche perdió el interés de él y como si nada se perdió de vista.

De pronto vio una mujer, de cabello largo y piel morena,  que sacaba su pulgar pidiendo un aventón. Sin más nada Rafael se detuvo, abrió la puerta y ella entró con esa fregancia singular regando por doquier el dulce aroma afrutado y esos labios rojos que le hizo llamar la atención.

-Muchas gracias, mi nombre es Karen.

-El mío Rafael.

No terminaba de mencionar su nombre cuando Rafael la miraba con lujuria y ella que no aguantaba la seducción le correspondió bajando su mirada hacia sus pechos y luego pasó su mano por su cabello para luego agregar.

-Soy nueva en la ciudad, solo déjame en un hotel… de verdad que se lo agradeceré…

-Si eso es lo que desea.

No tardó en llegar a un hotel totalmente lujoso.

-Este no Rafael, no podré pagarlo.

-No te preocupes, los gastos corren por mi cuenta.

Al bajarse del carro llegó el parquero a quien le dio las llaves del carro y este le dijo:

-¡Buenas noches señor Rafael!

-¡Buenas noches!

Inmediatamente Karen no tardó en decirle:

-Viene con frecuencia por aquí

-Quizás –Contestó Rafael

Ya en la entrada todos los empleados comenzaron a saludarlo:

-Don Rafael, Señor Rafael, sirva don Rafael. El botones, el gerente, la mesonera y todos por donde pasaba.

-¿Quién es usted?

-Nada importante.

Karen sospechaba que existía algo más, no perdería la oportunidad de estar con ese hombre sensual e importante.

-Aquí está las llaves Karen.

-Muchas gracias Rafael

Rafael estiró las manos para darle las llaves pero ella le tomó de la mano fuerte, él sintió las ganas de besarla por lo que la llevó a la cintura bruscamente y la besó. Ella le correspondió y sin pensarlo dos veces él abrió la puerta, la cargó y la zumbó drásticamente a la cama.

PAÑITOS DE SEDAS

Xavier había robado la atención de Kimi aunque no pudo hablar con él. Más le interesaba aclarar dudas con Diana.

-¡No entiendo por qué le dijiste a Xavier sobre nuestro secreto!

Diana que lloraba por ese pasado que no la dejaba tranquila le contestó:

-No aguanté decirle el secreto Kimi, con solo verlo allí cada noche embriagándose, sin tener sentido en la vida… pensé que lo ayudaría  y me ayudaría a mí tener un poco más de paz.

-Acaso no piensas Diana, ahora te va a reprochar… el no haberle dicho que estabas embarazada de él, además que regalaste su hijo y para completar tú estás en este lugar sin saber nada de su hijo…

-No lo pensé en ese momento, siempre pensé que tenía derecho saber la verdad

-¡Qué más le dijiste!

-Nada más Kimi, nada más te lo juro.

-Si llega a saber que fui yo quien buscó a la familia de tu bebé, me va presionar para que lo lleve a él, además que no me lo va a perdonar nunca, es más me va a pedir que lo lleve allí… ya lo conoces como es…

-Yo no Kimi… eres tú quien lo conoces, yo solo salí embarazada de él, de un hijo que no tengo ahora, y que muero por estar  a su lado.

-Siempre has buscado estar con ese hijo que no es tuyo… entiéndelo lo perdiste desde el momento que lo dejaste en mis manos.

 
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