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viernes, 2 de julio de 2021

CAPÍTULO 18

 TAL PARA CUAL

Rafael se sentía cada vez más a gusto al lado a Karen, pues ella tenía la magia de la picardía de una mujer ardiente. Era lo que necesitaba Rafael para revivir el amor que había dejado sentir desde hace tiempo. Con Diana era la satisfacción de una noche, que muere por su amor, pero es tan dominante que le inspira un poco de temor de entregarle su amor, sin embargo, con Karen era diferente, ella es libre de amar y odiar, tomar y dejar, es cuando ella diga y disponga; y eso vuelve loco a Rafael. Lo ama y lo deja, se va y viene cuando quiere. Con solo tres palabras y un susurro en la oreja de un “te deseo” Rafael condecía lo que ella quisiera.

Noches de placer y lujuria Rafael había pensado en entrelazar ese amor en un anillo. Pero no antes de hablar con su hija.

-Quiero que conozca a mi hija

-¡Ay no mi amor! No te apresure… sigamos así disfrutando.

Rafael toma a Karen por la cintura, para luego decirle:

-Me vuelves loco muñequita, me traes arrastrando a tus pies, y te quiero junto a mí princesita…

Ella roza su nariz con la de él para luego agregar:

-Lo sé mi osito, pero no quiero apresurar las cosas.

Mientras tanto, a Karen que no le importa lo material, se paseaba por los alrededores del hotel, utilizando la piscina, el carro del hotel, las rutas turísticas, compras de ropa de marca, peluquería y con tarjeta sin límites.

UN POCO DE TANTO

Lo último que recordó Xavier fue que Raquel había cerrado la puerta. Estaba tan embriagado que se había quedado dormido. No recordaba nada más. Apenas si había despertado, cuando recordó que alguien lo acariciaba, era una silueta de una mujer que lo acariciaba y él correspondía. En su imaginación pensó que era Marisol por lo que fue feliz. Unas caricias, unos cuantos besos y la alegría fluyó como si nada.

Se sentó en la cama, puso sus codos en sus piernas y sus manos en su rostro, pudo oír un ruido en el baño, por lo que se levantó, y caminó el lugar. Entre el mareo y los recuerdos. La mujer de cabellos largos le cubría el rostro de profundos besos, y caricias, quitó los botones de su camisa  y luego la cremallera del pantalón. Por más que Xavier decía que no, pues era más el deseo que cualquier que lo envainaba y se apoderaba de él. Una noche de desenfreno y pasión de quién era que importaba ya, quizás lo había soñado, siguió caminando y abrió la puerta. La silueta de la mujer se reflejaba a través de la puerta de vidrio corrediza, el paño por un lado  y la panty tirada en el suelo, siguió caminando y trató de llevar hacia un lado de la puerta de la ducha.

-Marisol mi amor te amo –Era lo que pensaba Xavier –Nunca te fuiste Marisol.

Pero al mismo tiempo se sentía nervioso porque sabía que en la vida real Marisol no estaba a su lado. No sabía que se encontraría por lo que se devolvió, y quiso marcharse, pero escuchó una voz dulce y tierna.

-Xavier ven conmigo

Xavier se detuvo, sabía que había escuchado esa voz anteriormente, y recordó.

-Es ella, no lo puedo creer, por qué ella… en qué momento.

Era una atracción desde aquella noche en el bar cuando ella lo miraba con ternura, muchas copas que le llegaba a Xavier como regalo de esa mesa. Y que ese momento aceptó porque el mundo le parecía una miseria y quería hundirse en el licor.

Sintió que podría haber algo entre los dos  y por un momento se imaginó un mundo para los dos, pero quien se fijaría en un borracho como él, así que siguió en un mundo entre el licor y olvidar el pasado. Ella era diferente, educada, de buena familia. Con un poco de miedo Xavier volteó y miró sus ojos, en ese instante, no pasaba nada por su mente, por lo que caminó hacia Helena, la tomo `por la mano mientras el agua caía en sus cuerpos.

LAS DUDAS

Se encontraron en un café inesperadamente por petición de Lupe. Ella sabía que había descubierto algo muy importante pero que no le encontraba sentido. Y recordó aquella vez que le dijo a Mario que buscaría cualquier pista que encontrara en esa casa. Y no perdería la oportunidad de decirle a Mario lo que había visto.

-Mi amor, sabes que te amo –decía Mario a Lupe

Esta vez Mario había notado algo diferente en Lupe, en varias ocasiones despreció sus besos y siempre tenía una escusa al momento de tomarle la mano.

-Lo sé amor, sé que amas y te doy gracias por ese amor tan puro que me ofreces.

-Entonces que te pasa…

Por un momento Lupe, pensó en decirle pero se detuvo.

-Nada mi amor, solo un poco de gripe.

Mario la miró y se reservó las palabras, aún sabiendo que su corazón no era el mismo de siempre.

-Encontré esto en mi habitación

Mario tomó el celular y lo encendió, encontrándose muchas incógnitas, rompecabezas sin resolver, volvería al caso.

-Lupe, te puedo pedir que renuncies a tu trabajo

Fuel lo primero que se le vino en cabeza a Mario, para protegerla de cualquier peligro que se pudiera venir.

-Amor estoy bien, sé cuidarme

-Por favor, te voy a pedir que cualquier signo de peligro por favor llámame

Nada en ese momento detenía a Lupe estar en esa casa pero había algo más fuerte que le decía que era mejor quedarse allí. Era ese amor diferente e inseguro, era ese amor de ambición e impreciso, ese nuevo sentimiento prohibido que iba creciendo y se apoderaba de su ser, de ojos risueños y algo presumido, era ese hombre que cada día la sorprendía con un detalle y un te quiero, era Ignacio.

jueves, 1 de julio de 2021

CAPÍTULO 17 V

 DESPUÉS DE ESO

Había pasado un año desde que Erika murió. Marisol su cómplices. La familia Del Monte, quedó como la víctima de una mujer asesina, por lo que le dieron la fama a la red hotelera de Rafael. Todos querían asistir al hotel donde Gabriel desapareció de vista. Los reportajes eran frecuentes en las diferentes redes sociales y todas las familias de la ciudad la conocían, hasta los niños que comenzaban a tener conocimiento hablaban de la familia Del Monte.

Regia había asumido más responsabilidad que tenia con la sociedad. Las obras de caridad, las damas de blancos, la ayuda a las escuelas y Regia comenzó hacer dispensable para muchas iglesias que necesitaba de su ayuda.

Ignacio le había comunicado sobre el paradero de Gabriel. Pues se encontraba en el bar de Uriel. Para ella mientras lo mantenía a la vista no representaba un peligro. No era el momento de actuar, pues sus ocupaciones no le permitía pensar en otras cosas que no fuera de ser la mujer más popular del país.

Parecía haber olvidado aquella Regia del pasado, aunque a veces tenía pesadillas con el sacerdote Claudio, Marisol o la mismísima madre. Se levantaba en la noche con el corazón agitado y veía a Daniel caminar muy cerca de ella o a Mía suplicar piedad. El rostro de la Guaricha y Manuel en la cama. Luego de caer en cuenta que solo era pesadilla se sentaba en la cama y decía;

-Regia cálmate es una maldita pesadilla.

Con el temple que tenía y el carácter regio que la caracterizaba, terminaba en la silla, ida de la realidad, con Ignacio a su lado peinándole su larga cabellera.

-Aquí estoy Regia, tranquila, mi pequeña Regia te voy a cuidar…

Había asumido su nueva vida, quería dejar el pasado, como lo prometió al sacerdote Claudio allá en la iglesia ante de Dios. O la hizo cambiar esa última vez que vio a su madre en aquella noche al despedirla de la casa, donde  le dio un beso en la frente, sin saber que era la última vez que la vería. Y sobre todo el valor que tuvo su madre al quitarse la vida solo para que no fuera descubierta. Era una promesa entre las dos, quien fuera descubierta primero se quitaría la vida para no delatar a los involucrados y llevar a la tumba cualquier secreto.

ALGO DE MARISOL

Lupe casi no sentía libertad en la casa, en su tiempo libre se iba al jardín, o se quedaba encerrada en su habitación, con tal de no encontrarse con Ignacio hacía lo que fuera. Y no era porque se sentía mal por los besos robados o la miradas provocativas de Ignacio, sino por aquello que sentía por él, cada día ese amor iba creciendo, y aún cuando sabía que el amor que sentía Mario por ella era más conveniente que lo que sentía por Ignacio, pues no dejaba de pensar en él. Era tan difícil de escoger a uno de los dos. Y el miedo la carcomía por dentro que prefirió quedarse en su habitación.

En su habitación Ignacio toco la puerta.

-¿Qué haces aquí Lupe? Te busqué en la cocina

-Disculpa me duela la cabeza

-Sabes que no aguanto las ganas de no verte, quiero verte a cada rato Lupe, me vuelves loco, quiero abrazarte, darte un beso, sentir tu piel junto a la mía… te amo Lupe y ya no lo puedo negar… el no verte me vuelve loco

Ignacio caminaba hacia ella, mientras ella retrocedía, impaciente y nerviosa.

-Por favor, aléjate de mí, no quiero verte, dame tiempo para pensarlo…

-No tienes nada que pensar, soy el hombre de tu vida, quiero estar allí cuidándote y protegiéndote.

Ignacio se le acercó tanto que ella no pudo resistir su aliento muy cerca de ella, por lo que lo abrazó, cerró sus ojos y sus labios se juntaron para sentirse uno a al otro. Era verdad lo que sentía Lupe por él, en su estómago sentía mariposas que la llevó volando al espacio.

-Lupe te amo

Ella reaccionó y se acordó de Mario, por lo que lo empujó y se le cayó el cepillo que llevaba en mano. Ella se agachó y vio algo raro en el suelo, pero disimuló y levantó el cepillo.

-Ignacio, por favor dame tiempo… Mario sigue siendo mi novio y debe respeto de mi parte… Mis padres lo aceptaron como mi prometido y se me va hacer difícil terminar con él… mientras tanto deseo que respete mi decisión.

-Piensa lo que quieras, pero sabes bien que nunca voy aceptar un no de respuesta, tu eres mía, te quiero para mí, yo te voy hacer feliz Lupe.

Ignacio le tomó por el mentón y le dio un beso en la frente mientras ella cerro sus ojos.

Ignacio dio medio vuelta y se retiró de la habitación, ella corrió y pasó seguro a la puerta y se dirigió al suelo, y entre el suelo y la pared había una abertura y en ella estaba un teléfono. Sabía que era de Marisol, porque se lo había visto y llevaba la letra M hacia un lado.

Al cargar el celular, comenzó a mirar las fotos y vídeos, en ella se mostraba a la señora Erika con Joe, besándose, luego Marisol con la ropa puesta de la señorita Regia y finalmente el baúl que de repente desapareció de la habitación de Regia como si nada, con un traje negro y una máscara de porcelana.

Lupe se asustó tanto de lo que había descubierto que llamó a Mario.

REMPOVER EL PASADO

Xavier se había convertido en cliente fijo del bar, no veía a las bailarinas como objeto sexual, sino como amigas. Recibía de Stephanie algunos entre mesas para pasar la embriagadez. Aunque desde que supo que tenía un hijo, había decidido descubrir quien era ese niño.

Ya no era para pasar la pena  de haber perdido a Marisol, sino por encontrar ese hijo, que solo Diana sabía la verdad, que por lo menos eso era lo que pensaba.

-¡Hola Diana!

-¡Hola Xavier!

-¿Cómo está Diana?

-Muy bien y tú

-Ya sabes lo que quiero Diana… quiero el nombre de esa familia.

-No lo sé Xavier, por lo que más quiera… esa noche fue borrosa para mí, solo sé que estaba sola, me moría de miedo, y no sabía de mí

Mientras Xavier se recuperaba de las bebidas, comenzaba a utilizar el dinero que le dejó Marisol en buscar a su hijo. Había asistido al registro civil, a las parteras que él conocía y hasta los hospitales de la ciudad en busca de información. Hizo cálculo de la edad del niño y veía en cada joven el rostro de su hijo y cada día se hacía ilusión.

-Me estás engañando Diana… nunca tuviste un hijo conmigo.

-Puedes pensar lo que quieras, ya tengo mi conciencia tranquila…

-Por favor dime…

-Es la verdad que no lo sé…

Xavier estaba lleno de impotencia, y más que eso de injusticia, pues jamás se le preguntó si quería o no tener el hijo.

Esa noche se le acercó Delia, que supo que esa noche tenía un fajo de dinero en mano. Era la primera vez que lo vio con tanto efectivo.

-Te has vuelto parte de nuestra casa… a veces hasta pienso que eres empleado.

-Delia deja las payasadas y vete de mi vista.

-Eres muy arrogante Xavier… sabes que te puedo llevar a las nubes si me lo pides…

-Vete al carajo…

Raquel que estaba cerca, y que sabía como era de insistente Delia cuando se le antojaba un cliente, se les acercó:

-Xavier querido vente…

Xavier sin saber porqué se levantó de la silla y siguió a Raquel. Por primera vez, pasó por ese pasillo donde las bailarinas cada noche caminan antes y después de bailar. El olor a baño de crema, incienso, perfume y café se paseaba por el ambiente. Un camerino y otro, y más allá el salón, entraron a una habitación.

-Quédate aquí Xavier mientras vuelvo –Dijo Raquel al colocarle una almohada en su cabeza

Era la primera vez después de tanto tiempo que Xavier se había sentido protegido y amado. Se le había olvidado tocar la mano a una mujer. Solo recordó ver a Raquel cerrar la puerta antes de quedarse dormido.

UNA LUZ

Gabriel cada día, iba tomando más fuerzas, aprendió donde pedir las bebidas, las comidas y hasta entrevistar a las chicas del bar. Ya no se ocultaba. Parecía estar conforme en el lugar, hasta el punto de pensar en abrir su propio bar.

De vez en cuando caminaba por las cercanías del bar, trataba de ponerse en forma, practicaba defensa personal e iba a sus consultas médicas. A veces lo acompañaba Stephanie quien los dos se juraron cuidarse las espaldas. Stephanie se sentía protegida cuando un guarda espalda enviado por Martín mandaba a buscarla y Gabriel la acompañaba.

Hasta Helena llegó a pensar que era su novio y lo aceptó en la familia. Por su parte, en el corazón de Gabriel solo existía un objetivo que se llamaba Regia Del Monte. No quiso ir a la comisaría porque no tenía pruebas que demostrar que fue ella quien trató de matarlo, además prefirió tomar justicia por sus propias manos aún cuando eso lo llevara a la cárcel para toda su vida. 

miércoles, 30 de junio de 2021

CAPÍTULO 17 IV

 ENTRE UNO Y OTRO

Lupe estaba nerviosa, no sabía por quien decidirse, por un lado estaba Mario, un chico moreno de ojos café, de tiernas palabras, amoroso y  de un carácter recio y muy precavido, y por otro lado estaba Ignacio un chico trigueño, cabello lacio de ojos risueños, algo presumido, pedante pero detallista, romántico y atrevido.

Dos hombres diferentes despertaban en Lupe la intriga de conocerlos. Maldiciendo cada vez que pensaba en Ignacio porque sabía que era ambicioso y siempre estaba detrás de la niña de Regia, pero sentía mariposas en su estómago y no podía evitar ese sentimiento  todas las veces que lo miraba. Lo tenía en casa de día y noche, sin embargo, con Mario salía únicamente los fines de semana, y que no podía mentirle porque con solamente mirarle podía descubrirle lo que había en su corazón.

-Lupe dígame donde se encuentra las servilletas por favor –Decía Ignacio mientras le robaba un beso.

No le importaba que estuviera haciendo Lupe, pues siempre la buscaba y le regalaba una flor, un caramelo, un chocolate o un beso. Su amor fue creciendo de a poquito.

-¿Cuándo le vas a decir al poletucho que eres mía?

-No soy de nadie… además usted y yo no tenemos nada.

-Para lo que a mí me concierne sí tenemos algo… o se lo dices tú o se lo digo yo…

-No Ignacio, solo somos amigos, que no se te olvide…

Mientras en otros momentos, cuando Mario la pasaba buscando a la casa como de costumbre cada viernes por la noche, se dibujaban una casita junto a la montaña jurándose amor para toda la vida, con varios hijos, un perro, un gato, un modesto carro familiar, en la tranquilidad y paz.

UN RAYO DE LUZ

Rafael seguía en la cama en su ordenador haciendo cálculos de uno de sus negocios, como cada mañana, pero esa mañana era diferente, esa mañana era tan feliz  que ni podía evitar que su rostro mostrara su felicidad. Ella se encontraba en la ducha tan feliz como él, aunque en realidad él era más feliz. No podía creer tener en sus brazos a esa mujer que alguna vez lo deseo muchísimo.

Recordaba esa noche donde estaba contento y el ambiente se propiciaba a esa felicidad, pero  sabía que muy en el fondo de su corazón existía la tristeza. Necesitaba a alguien en su vida que lo hiciera revivir esa llama del romance porque estaba cansado de la falta amor y comprensión. Simplemente pasaba de una mujer a mujer sin poder decidirse con quien estar.

Estaba Kimi junto a él celebrando sin saber qué celebraban, mientras Diana más allá que no dejaba de mirarlo aunque él de vez en cuando le mandaba un brindis. Stephanie que con su inocencia lo hacía sentir más joven y   en la pista estaba Raquel con sus medias blancas que lo volvía loco, esa noche era cualquiera de las cuatro.

Diana que tanto amor le ha demostrado y él a ella, sentía una gran pasión y sobre todo mucho respeto, por otro lado Kimi, siempre adulándolo y haciéndolo sentir como el poderoso de la ciudad, Raquel que le tenía deseos desde que entró y Stephanie jamás la había tocado.

No tardó cuando entró Xavier al bar, por lo que captó la atención de Kimi, y más atrás Diana que necesitaba ajustar cuentas. Por instante Kimi se despidió de Rafael y se adentró al camerino de Diana. Por su parte Raquel terminaba su número cuando se acercó a la barra, Rafael se le acercó con insinuaciones:

-Raquel quieres una copa

-Sí por supuesto, muchas gracias don Rafael

Ya habían estado juntos en el pasado, solo una vez. Pero esta vez, era diferente, ya que Raquel estaba comprometida con David.

-Ahora no Don Rafael, estoy comprometida

Raquel señaló a David como diciendo que él era su novio.

-Me alegro por usted Raquel, pero guarda mi número si por algún día usted cambia de parecer

No podía creer que esa noche iría solo a casa, jamás le había pasado antes. Aunque no le quedaba esperanza quiso intentarlo con Stephanie.

-Te ofrezco mi dinero niña, ven conmigo… ya no eres una niña… además te digo que eres muy bonita

-Muchas gracias señor Rafael, el mismo dinero que tiene usted lo puedo tener yo si asó lo deseara, como usted ya sabe soy hermana de Helena y Martín, y si sabe que usted me está ofreciendo dinero, pues dejará de existir.

Uriel que observaba lo que sucedía  lo llamó aparte para ofrecerle otras chicas que pudieran cumplir sus necesidades.

-No Uriel, muchas gracias… me voy a casa, no quiero nada esta noche

Rafael salió del bar, se montó al carro, siguió su camino como lo había hecho en otras noches. Casi decepcionado y quizás con nostalgia por haber perdido a su esposa, que por lo menos lo esperaba en las noches. También se había decepcionado de Diana que esa noche perdió el interés de él y como si nada se perdió de vista.

De pronto vio una mujer, de cabello largo y piel morena,  que sacaba su pulgar pidiendo un aventón. Sin más nada Rafael se detuvo, abrió la puerta y ella entró con esa fregancia singular regando por doquier el dulce aroma afrutado y esos labios rojos que le hizo llamar la atención.

-Muchas gracias, mi nombre es Karen.

-El mío Rafael.

No terminaba de mencionar su nombre cuando Rafael la miraba con lujuria y ella que no aguantaba la seducción le correspondió bajando su mirada hacia sus pechos y luego pasó su mano por su cabello para luego agregar.

-Soy nueva en la ciudad, solo déjame en un hotel… de verdad que se lo agradeceré…

-Si eso es lo que desea.

No tardó en llegar a un hotel totalmente lujoso.

-Este no Rafael, no podré pagarlo.

-No te preocupes, los gastos corren por mi cuenta.

Al bajarse del carro llegó el parquero a quien le dio las llaves del carro y este le dijo:

-¡Buenas noches señor Rafael!

-¡Buenas noches!

Inmediatamente Karen no tardó en decirle:

-Viene con frecuencia por aquí

-Quizás –Contestó Rafael

Ya en la entrada todos los empleados comenzaron a saludarlo:

-Don Rafael, Señor Rafael, sirva don Rafael. El botones, el gerente, la mesonera y todos por donde pasaba.

-¿Quién es usted?

-Nada importante.

Karen sospechaba que existía algo más, no perdería la oportunidad de estar con ese hombre sensual e importante.

-Aquí está las llaves Karen.

-Muchas gracias Rafael

Rafael estiró las manos para darle las llaves pero ella le tomó de la mano fuerte, él sintió las ganas de besarla por lo que la llevó a la cintura bruscamente y la besó. Ella le correspondió y sin pensarlo dos veces él abrió la puerta, la cargó y la zumbó drásticamente a la cama.

PAÑITOS DE SEDAS

Xavier había robado la atención de Kimi aunque no pudo hablar con él. Más le interesaba aclarar dudas con Diana.

-¡No entiendo por qué le dijiste a Xavier sobre nuestro secreto!

Diana que lloraba por ese pasado que no la dejaba tranquila le contestó:

-No aguanté decirle el secreto Kimi, con solo verlo allí cada noche embriagándose, sin tener sentido en la vida… pensé que lo ayudaría  y me ayudaría a mí tener un poco más de paz.

-Acaso no piensas Diana, ahora te va a reprochar… el no haberle dicho que estabas embarazada de él, además que regalaste su hijo y para completar tú estás en este lugar sin saber nada de su hijo…

-No lo pensé en ese momento, siempre pensé que tenía derecho saber la verdad

-¡Qué más le dijiste!

-Nada más Kimi, nada más te lo juro.

-Si llega a saber que fui yo quien buscó a la familia de tu bebé, me va presionar para que lo lleve a él, además que no me lo va a perdonar nunca, es más me va a pedir que lo lleve allí… ya lo conoces como es…

-Yo no Kimi… eres tú quien lo conoces, yo solo salí embarazada de él, de un hijo que no tengo ahora, y que muero por estar  a su lado.

-Siempre has buscado estar con ese hijo que no es tuyo… entiéndelo lo perdiste desde el momento que lo dejaste en mis manos.

martes, 29 de junio de 2021

CAPÍTULO 17 III

EN ORDEN DE IMPORTANCIA

Joe no representaba peligro para Regia, además de haber crecido juntos y desde entonces solo representaba un peón por mover en el momento y la hora justa. Dejó que acompañara a su padre como asistente, mientras ajustaba otras ocupaciones más importantes.

No es que Regia anda buscando lo perdido, simplemente se encuentra en el momento y lugar justo. Y eso le pasó cuando leyó la carta de la mamá de Joe diciéndole a Rafael que Joe era su hijo, y lo que más recordaba eran estas líneas: “Este niño, que es inocente de nuestras equivocaciones es fruto de nuestro amor”.

Regia que le había tomado cariño a Joe, se fue alejando poco a poco de él, con un poco de rabia pero a la vez con lástima. De una u otra forma jamás aceptaría tener a nadie como hermano bastardo y mucho menos compartir su dinero.

Sin embargo, al observar que Joe estaba muy cerca de su padre, dedujo que ya sabía  la verdad, por lo que con discreción lo mantiene vigilado esperando mover su pieza como siempre lo hace, calculando y sacarle provecho en cualquier situación.

Regia miraba como Joe había cambiado del uniforme de chofer a ropa más elegante, relojes de marcas de renombres, zapatos, sacos y mucho más, y que en varias ocasiones los acompañaba a la mesa como cualquier miembro de la familia.

ESTAR PREPARADO

Ya había pasado mucho tiempo de guardar luto a su esposa, un luto solemne y con todos los requerimientos que los padres de Erika había pedido. Eran unos meses sin mujeres, de tranquilidad y respeto a su memoria.  

-Vamos Joe, acompáñame a salir por allí.

-Con todo respeto señor en este momento quisiera acompañarlo pero debo terminar de ajustar algunas cosas, y si es tan comprensivo por favor le pido esta noche libre… -Contestó Joe.

Rafael se puso aquel perfume amaderado que tan penetrante quedaba en su piel, y que lo usaba las veces que deseaba una noche de placer. Nunca le fue tan difícil tener a una mujer a su lado y siempre tenía a alguien a su lado para apaciguar sus ganas. Aunque esta vez se encontraba confundido, ya que no tenía esposa, y ya no tenía excusa para decirle un no a cualquier mujer que le pida ser la señora Del Monte.

La que más se le acercaba era Diana que desde hace tiempo le pedía ser su esposa, y que él le gustaba mucho su espíritu de jovialidad y carisma al hablar, sobre todo en lo sensual al momento de amar. Estaba dispuesto a estar con ella esa noche fría, se amarían como siempre lo hacían cada vez que se veían. Más que el deseo sexual que sentía por Diana había algo más que eso. Era la forma de tratarlo y hacerlo sentir único entre millones de hombre, sus atenciones solo era para él y lo demás vanidad. En ese instante fue feliz en recordar el rostro tierno y a la vez perverso de Diana, recordaba sus bailes, su vestidura exuberante y hasta aquel atrevimiento en el cementerio en donde no le importó nada solo estar con él y eso le gustó.

Con una sonrisa risueña tomaba un trago, en la barra del bar cuando se le acercó una mujer blanca de ojos brillantes y le saludo. Al principio no la reconoció, había pasado tanto tiempo que hasta su nombre había olvidado.

-¿Qué haces por aquí Rafael? –dijo la mujer con seguridad, sabiendo que sí era él.

-Disculpe señorita no la conozco –dijo él con duda

-¡Cómo ha pasado el tiempo Rafael, desde la última vez que te vi en aquel parque!

-Le repito que no la conozco

-Claro que me conoce, soy Kimi…

-Kimi, Kimi, Kimi… ¡Ah! Sí, kimi

-Habías quedado que jamás visitaría estos lugares Rafael o se te olvidó

-Sí lo sé, ha pasado tantos… ahora te recuerdo… tanto tiempo

-¿Qué haces Aquí?

-Nunca deje de venir Kimi, lo siento...  y tú…

-Estoy aquí por un amigo y mira que me encontré con usted… ya lo presentía, algo me decía que tenía que estar aquí y solo era para encontrarte… las cartas me ha dado señales, siempre me lleva al lugar donde debo estar.

-Ya ves, me tienes aquí, acompáñame a tomar una copa.

-Claro que sí, una copa no se le niega a nadie.

Los dos se sentaron juntos, y terminaron su primera copa y fueron por la segunda y la tercera. Hasta que vio a Raquel que salía a su presentación, Raquel llevaba unas medias blancas hasta arriba, esta vez su baile esa pasivo y sin muchos movimientos, su cintura se cantoneaba a la par del ritmo de la música.

Rafael ya la había visto en otras ocasiones y hasta un baile le había pedido, que casi no recordaba por lo embriagado que estaba, todo era fragmentos de pequeños episodios al recordar entre una cosa y otra, confundiéndolo entre una y otra bailarina.

-¡Qué hermosa mujer! Nunca la había visto tan hermosa como ahora. Se dijo así mismo por respeto a Kimi.

Kimi miraba el entusiasmo de Rafael por Raquel que inmediatamente de preguntó:

-La señorita Regia…

Rafael se volteo hacia Kimi y dijo:

-La señorita Regia qué…

-¿Cómo está la señorita Regia?

-Debería estar en casa, eso creo…

Rafael miró a Kimi a los ojos, y veía una mujer que necesitaba ser descubierta, que tenía mucho que dar pero que se escondía detrás de una fachada de mentiras.

Más allá Salía Diana que se acomodaba el cinturón de su falda para que se ajusta a las curvas y le hiciera notar sus curvas. Definitivamente era esa mujer que le hacía sudar sus manos y hervir la sangre de mucha pasión.

Stephanie servía las mesas como de costumbre, tenía puesto su uniforme de aquella falda mucho más arriba de las rodillas, y aquella blusa de tiros a medio enseñar de los pechos. Aunque ya nadie la tocaba, pues no dejaban de mirarla con deseos, y Rafael no era la excepción también lo hacía a pesar que era mucho menor que Regia.

-¡Ya es mujer! –decía Rafael, y volvía a repetir –Sino no estuviera trabajando aquí, por algo será

-Es la hermana de Helena y Simón –le murmuraba Kimi

-Pues a mí que me importa, también me gusta esa hembra –decía Rafael ya embriagado

-Cálmese Rafael –repetía Kimi

Rafael parecía estar fuera de sus cabales.

-Tengo mucho dinero y puedo hacer lo que quiera con él… me puedo comprar la mujer que quiera, soy muy atractivo y pues el dinero lo compra todo Kimi, hasta te compraría a ti en este instante si me da la gana…

-Lo sé Rafael, cálmate…

De la forma más estúpida Rafael y Kimi, que al igual que Xavier y Diana se conocían desde hace mucho, en el mismo colegio, aunque Rafael tenía más edad y unos grados más alto que Diana, Kimi y Xavier. Con un poco de excentricidad y a la vez del chico popular del colegio todos conocían a Rafael. Quien después con el pasar del tiempo, kimi por juego leía las cartas a sus compañeros de estudios y que finalmente lo tomó en serio y Rafael tampoco escaparía de sus lecturas.

EL AMOR FLORECE

Mario llevaba a Lupes a la mansión después de una noche de pasión. Ya en la puerta la llevó entre los brazos y la apretó fuerte contra su cuerpo, con su mano derecha la tomó por su cabellera y lentamente la besó tiernamente. Ya estaban en confianza así que no había nada que los detuvieran. Ella lo abrazó y podía sentir los latidos de su corazón. Los dos deseaban que esa noche jamás terminara.

Otro beso en las mejillas y un juramento de un te amo y verse pronto. Lupe entro en la casa muy feliz que se encontraba por ese amor que la volvía loca. Caminaba a su cuarto cuando se encontró a Ignacio

-Desea algo Ignacio

-No nada, puedo servirme yo mismo…

-Está bien, entonces me voy a dormir

-Lo quieres mucho

-¡A Quién!

-A ese poletucho

-Ese poletucho se llama Mario y sí lo quiero muchísimo.

-No está a tu altura

-Y a ti que te importa

Ignacio se le acercó tanto a Lupe que la recostó a la pared

-Me importa muchísimo y tú lo sabes… acaso no te das cuenta como me vuelves loco…

Lupe comenzó a temblar y quiso empujar a Ignacio pero no pudo

-Me vuelves loco Lupe, estoy muy enamorado de ti, te lo confieso, quizás no sea el más romántico como ese poletucho pero te amo, y mucho más de lo que imaginas. Te ofrezco este que soy yo, ni más ni menos, así soy yo…

-Déjame Ignacio me haces daño

-Mira Lupe dame la oportunidad de conocerte, me interesas mucho, solo te pido eso Lupe.

Ignacio no dejaba de mirar a los ojos de Lupe mientras ella esquivaba la mirada, aún cuando se sentía nerviosa. Como aquella vez que recibió sus flores, la cadena con un corazón, y una carta manuscrita por el confesándole su amor. Y todo lo guardaba en su cuarto.

-Está bien Ignacio, pero déjame tranquila por favor.

lunes, 28 de junio de 2021

CAPÍTULO 17 II

AQUELLA INCOGNITA

Aquella noche en la cena con los empresarios que don Rafael llevó a su esposa, y quien los acompañaba Joe y Maxi. Se logró una gran inversión para los hoteles, diversas agencias turísticas promocionarían a red hoteleras con publicidad para obtener turísticas mientras pudieran ganar comisiones, así tanto las agencias turísticas como los hoteles trabajarían en conjunto. Por otra parte los hoteles ofrecerían distracciones diferentes para dar opciones de acuerdo a la necesidad de cada cliente. Ya en la recepción don Rafael intercambiaba ideas con los empresarios, promotoras y algunos potenciales que recibieron invitaciones especiales, mientras que Erika solo le importaba estar cerca de Joe. Por su parte Maxi trataba de controlar a Erika, por lo que le era imposible porque sabía que la señora Erika sentía un amor profundo hacia Joe.

Con miradas entrecruzadas Joe y Erika se miraban con deseos, de vez en cuando un guiño y un susurro de un te amo hacía que Erika se sonrojara, pues Erika se sentía especial y única. Quería estar con él, por lo que buscó la manera de escaparse. Fue tan fácil perderse entre el gentío y huir para estar al lado de Joe.

Aquella noche los dos se amaron bajo la luna y el cielo estrellado, eran libres, no existía nadie en el mundo solo ellos dos, a pesar de la edad, del estatus social, a pesar de que ella es la señora y él el chofer. Juraron amarse para toda la vida y que jamás nadie lo separarían. Fueron felices y quizás era la última noche en que se amarían.

Al día siguiente, Joe y Karla tomaron valor para confesarle a Rafael que querían estar juntos, por lo que Rafael jamás lo aceptó, su furia recorrió por sus venas por lo que sacudió el lugar. Era imposible una separación de Erika y él, por la influencia que tenía con el padre de Erika quien de alguna manera Rafael llevaba el apellido Del Monte, y había prometido cuidar de su esposa hasta que la muerte los separen, por otra parte se encontraba su posición delante de los inversionistas y la posición social, ya que Karla era la imagen de los grupos de damas que buscaban realizar obras de caridad y que al mismo tiempo su relación con diversas asociaciones internacionales le permitía involucrarse con diversas empresas y compañías.

Por otra parte, no fue fácil decir que para Joe, se llevó la peor parte. Ese día don Rafael confesó que era su padre. Que la madre de Joe era una jovencita muy bonita de ojos claros y cabello castaño. Había empezado a trabajar en la familia, cuando Rafael se fijó en ella y la enamoró con sus galanterías y el buen trato. Ella siempre pensó que Rafael se casaría con ella, por lo que se entregó a él, pero en realidad Rafael solo le interesaba casarse con Erika.

Fue muy duro saber que Rafael se casaría con Erika por lo que la jovencita se apoyó en el hombro del chofer de la casa, para ese entonces el chofer trabaja para el padre de Rafael. Poco a poco el chofer se fue ganando el cariño de la jovencita a pesar del que en el vientre de ella crecía un bebé. Rafael lamentó el embarazo al enterarse pero no podía hacer nada ya que había una boda cercana. Así que la jovencita se quedó con el chofer de la casa.

Fue así, que Rafael asumió la responsabilidad de pasarle una mesada a la jovencita y ella siguió trabajando en la casa, hasta el punto que se casó con el chofer y éste reconoció a Joe como su hijo aún sabiendo  que era hijo de Rafael.

Pasaron los años y la madre de Joe murió de cáncer, y el chofer asumió su crianza. Fue muy fácil que Regia y Joe jugaran por los alrededores de la mansión. Joe un  año mayor que Regia; los dos se sentían como hermanos.

Rafael nunca tomó importancia en decirle a Joe que en realidad era su hijo, hasta ese instante que lo confesó. Fue un dolor fuerte para Joe creer, esa realidad, porque su padre había sido el mejor padre que jamás haya tenido, un hombre honesto, amable, humilde y de buen corazón. Lo había criado con principios, en la cual tiene ahora.

-Jamás pensaba en decírmelo señor –dijo Joe con lágrimas en los ojos.

-La verdad no creí necesario –Contestó Rafael fríamente.

-Ni creas que con esto vas hacer que me separe de Erika.

-No lo sé, si podre… pero jamás permitiría que estén juntos.

-La amo, la amo muchísimo…

-No vas lograr nada con eso…

-Mi padre está muerto, y seré chofer hasta que Erika me lo diga… si me lo pide en este instante nos largamos.

Rafael se enfureció y lo tomó por el pecho y le dijo firmemente:

-Mira muchachito… oye bien lo que te voy a decir, porque te lo voy a decir una sola vez… vas a terminar tus estudios y vendrás a trabajar conmigo, por ahora será mis ojos, a donde yo vaya usted pisa mis huellas, caminarás detrás de mí cuidándome, hasta aprender todo de la empresa.

Joe como pudo se soltó de las manos de Rafael y le contestó:

-Mire señor, dígale a su hija que lo acompañe, a mí solo me interesa Erika, la amo y no me vas a separar de ella.

-Está bien, está bien, pareces que tienes mi carácter, eso me gusta, eres tan terco… hagamos una tregua, entre tú y yo… esos estudios que está por terminar no es nada… termínalo, luego comenzarás a trabajar para mí, mientras rompo sociedad con la familia de Erika, y cuando allí sea libre de ellos, le doy paso a ustedes.

-Lo dices en serio…

-¡Claro lo digo en serio!

En realidad Rafael jamás dejaría libre a Erika. No se valía un divorcio. Aún en la inocencia de Joe y Erika, esperarían estar juntos. Y Joe estaría al lado de Rafael y Erika seguiría aparentando ser la esposa feliz, cuando en sí ya se encontraba en otra habitación de la casa.

Muchos momentos fue descubriendo Joe, sobre las actividades frecuentes que hacía Rafael, pero que no podía confesarle a Erika, por lealtad al trabajo. Como los encuentros frecuentes de Rafael con jovencitas, que solicitaba a agencias citas, o algunas empleadas del hotel que recibía en la oficina. Citas a restaurantes, viajes cortos, navegar en yate y otros encuentros que justificaba que se encontraba solo.

Para Joe era imposible creer toda aquella vida oculta que llevaba su padre, a la vista de su familia, y era la razón justificada de que Regia hacía lo mismo que su padre. Y que en la cual los dos eran tal para cual. Regía había crecido en ese mundo superficial donde el ego de su padre era más importante que cualquier cosa.

A pesar, de que Joe recibía el sabor de la ambición, pues mantenía su posición en ganarse la libertad de Erika. Para él cualquier mujer era insignificante y poca cosa. Solo deseaba llegar casa y encontrarse con su amada.

Aunque Joe sabía de antemano la relación que había entre Rafael y Diana, pues no sabía que le importaba más que una mujer que se acuesta con él cuando se le antoja. Había un sentimiento profundo que afloraba a la ternura y el cariño de un amor que iba creciendo cada vez que se encontraban. Había ese algo más de un amor, pues Diana se afincaba en tener el apellido Del Monte, mientras Rafael solo importaba tener un poco de amor.

-Diana, Diana… estamos bien así Diana, obtienes de mí lo que quieras… te lo he dado todo… y todo lo que me has pedido te lo concedido.

-No todo Rafael, sabes bien lo que quiero Rafael… quiero ser la señora Del Monte…

Joe que caminaba los mismos pasos de su padre jamás se había contaminado de sus mañas, hasta que Maxi le dio el recado de Erika de aquel día en que murió. Joe se sintió devastado, y quiso marcharse pues no le encontraba sentido seguir allí. Se iría con la familia de su padre quien lo crió, pero Rafael lo convenció que se quedara, en nombre de su esposa.

Pero ahora Joe quiere el apellido Del Monte, por lo que a Rafael sería un poco engorroso porque sabe que Regia jamás lo aceptaría, además que no es el único hijo que tiene fuera de matrimonio, ya que tendría que reconocer a otros más que lo busca y que él solo ignora a fuerza de dinero.

Era justo para Joe llevar el apellido e insistía tener el apellido y sería su objetivo. Sería un golpe fuerte para la engreída Regia que se cree la única en la familia y así se vengaría todas las veces que ella lo humilló diciendo que era un simple chofer.

 

 
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