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viernes, 9 de julio de 2021

CAPÍTULO 19

SI TE DEJO ENTRAR

Esa noche, Gabriel no dijo palabras y se dejaba llevar por lo que decía Regía, tan cortés, amable y cariñoso

-Gabriel había perdido el conocimiento, pero lo importante es que aquí está con nosotros compartiendo –Dijo Regia en la cena

-Pero, ¿Dónde estuviste en todo este tiempo Gabriel? –Preguntó Rafael

-Fuera de la ciudad con unos parientes  Don Rafael.

-Y porqué no te comunicaste con nosotros.

-Creí que no fuera lo prudente, lo mejor era mantener la distancia.

Rafael, tenía más preguntas que respuestas pero para eso estaba Regia para apaciguar todas aquellas dudas que su padre tenía.

-Ya, ya, ya, ya basta de pregunta padre, lo importante es que está de regreso y a mi lado.

Regia agarró de mano a Gabriel y él trató de soltarse pero Regia le apretó la mano.

-Padre, tendrá su trabajo de siempre con nosotros verdad.

-Claro que sí hija, tu sabes bien que es así

-Viste Gabriel, que tienes todo con nosotros otra vez.

Gabriel había vuelto a su puesto original, y en los encuentros sociales Regia aparecía tomada de la mano con él.

DESPUÉS DE TODO

Stephanie que le había tomado cariño a Gabriel, y quien le había prometido cuidarla se sintió traicionada. A la misma vez recordaba las palabras de Gabriel y sus promesas de estar siempre con ella, por lo que le causaba duda que si estaba bien, porque jamás se habría ido sin despedirse. Mientras por otro lado recibía presión de su familia para que volviera a casa.

Estaba sola y sin protección, desconsolada y desamparada. No sabía qué hacer hasta que vio a las páginas sociales a Gabriel y Regia tomados de manos. Y llegó en sus pensamientos que Gabriel había preferido su venganza que estar con ella.   Por lo que decidió irse con su familia. En su casa la esperaba Helena y Martín quienes la recibieron con una cena familiar en la que se encontraba Xavier.

Stephanie se asombró al mirar a Xavier junto a Helena. Stephanie que tenía tiempo conociendo desde hace tiempo a Xavier le dijo:

-¿Qué haces aquí Xavier?

-Eso mismo pregunto yo

Soy la hermana de Helena

-Y yo su prometido…

Stephanie asumió que Xavier no sabía a lo que se dedicaba la familia pero tampoco se lo diría. En ese tiempo la familia se habían apoderado del cartel del oeste, quien Martín con astucia infiltró su gente al otro bando y descubrió sus estrategias y todo el sistema de trabajo para luego masacrar a todos aquello que se interpusiera en su camino, sobre todo a los líderes.

Ahora con más responsabilidades Stephanie aprendería como llevar el trabajo que cada día necesitaba de su liderazgo, se había convertido en una maga de la mafia. Lo llevaba en la sangre, por mucho tiempo que había tratado en no involucrarse a ese tipo vida, pues ya ahora estaba a la cabeza de un gran grupo de hombres y mujeres bajo su tutela, y quienes hacía lo que ella ordenara.

Xavier miró el otro lado de Stephanie quien llevaba un vestido verde claro brillante muy largo con dos rajas en el lado de cada pierna que le hacía notar su piel trigueña. Tenía la misma mirada de Helena y Martín. Los tres de la misma sangre y el mismo poder.

Era pocas veces que Xavier llegaba a su casa y se veía más involucrado en omisión a los actos ilícitos de la familia. Siempre haciéndose la pregunta que habría sido de su vida sin el cariño de Helena quien lo protegía y lo cuidaba mucho.

Helena que delante de su presencia hacía notar una mujer decente, tranquila y sumisa pero al momento de entrar en acción pues llevaba las riendas y tomaba  grandes decisiones y si tenía que matar lo hacía.

-Te amo Helena –Decía Xavier

-Te amo más.

Helena se había enamorado de Xavier desde el primer día que lo vio, supo que sería su esposo porque ella obtiene lo que desea, por las buenas o malas, pero que en esta ocasión no fue necesario obligarlo a que la quisiera porque era correspondida.

UNO Y DOS

Cada día para Uriel se le hacía imposible sostener el bar. Después que había perdido a Gabriel, seguidamente de Stephanie, y al fin, David le había dado un ultimátum que trabajaría hasta final de mes y que se llevaría a Raquel pues se sentía devastado. Por su parte Delia recibía invitaciones por todos lados, quien estaba a flor de su vida y no la perdería por estar con un hombre que jamás la supo valorar, sin embargo, seguía esperando que Uriel volviera a ser el hombre de antes. Aquel jovial hombre lleno de energía y picardía que deseaba comerse el mundo.

-Raquel todavía no se va, Diana jamás nos dejaría, yo también podría doblar mis baile –decía ella para animarlo

-Solo necesitamos a don Rafael de nuestro lado, buscaremos otras chicas, con nueva vibra, que tenga ese toque especial.

-Así me gusta Uriel. Siempre hemos llevado este negocio entre los dos… vamos anímate, una más, una menos, qué más da, pues somos nosotros dos.

El aviso en el bar seguía puesto.

LO QUE SE AVECINA

Los preparativos de la boda había empezado. Rafael había dispuesto el gran salón del club Ítalo, Aunque quería algo sencillo y discreto pero Karen lo quería todo. Por lo que el organizador de boda le había sugerido los mejores jazmines, el pastel, el vestido, el baile y todo aquello que acarrea en la boda.

Karen ya vivía en la mansión, y tomó posesión de la habitación principal. En el desayuno que era costumbre encontrarse la familia por lo que ese día se encontraba, Regia, Ignacio, Gabriel, Joe, Karen y Rafael.

Karen y Gabriel, apenas si cruzaban palabras porque Gabriel se sentía vigilado por Ignacio y no podía advertirle de lo cruel que era esa familia. Mientras que en el corazón de Regia crecía un odio hacia Karen y no soportaba verlo con su padre, por alguna razón presentía que no era de fiar. Pero en realidad ninguna mujer era suficiente para su padre.

LA AUSENCIA

La preocupación de Mario por Lupe era evidencia, pues, tenía días sin saber de ella. Por lo que fue a casa de sus padres que también estaban preocupado por ella y que no tenían idea de su paradero. Por lo que Mario se dirigió a la mansión Del Monte y que no obtuvo respuesta de Maxi.

La última noche que había hablado con Lupe, la notó preocupada y distante, y aunque le había dicho que no la molestaría pues no podía resistir sin saber de ella.

-Seguro que se enamoró y se fue con otro hombre –dijo Ignacio irónicamente

Mario con indignación le contestó:

-Jamás lo haría sin avisarle a sus padres.

-Cuando existe amor, no existe más nada… solo amar –siguió Ignacio.

 

 

 

 

 

 

jueves, 8 de julio de 2021

CAPÍTULO VI

 HERMOSO AMANECER

Ese día hizo un poco de frío, y comenzaba a caer el primer rocío de la mañana. La casa se encontraba en silencio y todos dormían plácidamente. Regia también lo hacía, se encontraba en su cama cuando fue sorprendida  por la mirada de Ignacio, quien la contemplaba de pies a cabeza.

-Regia, ven, vamos… ven a conocer a mi novia

-¡Qué te pasa Wichito! ¿Qué hora es? ¿Qué haces despierto a esta hora?

-Quiero que vengas a conocer a mi novia.

-¡A esta hora! Tú estás loco.

-Sí Regia a esta hora.

Regia se sentó en la orilla de la cama, sin entender lo que quería decir Ignacio. Se pasó la mano por la cabeza y por el rostro para luego agregar:

-¿Qué novia voy a conocer a esta hora? ¿Qué novia nada déjame dormir?

Ignacio tomó de la mano a Regia, en la cual se dio cuenta que tenía sangre.

-¿Qué hiciste Wicho?

Regia lo miró y vio que sus ojos estaban dilatados y que su cuerpo estaba lleno de sangre

-¡Vamos Regia!

Regia se levantó y lo siguió, encontrándose la habitación colmada de sangre por todos lados.

-¡Regia, conoce a mi novia!

Regia se quedó pálida al encontrar a Lupe sentada en un sillón, con su ropa puesta, un moño en la cabeza, con sus ojos cerrados y bien maquillada.

-No entiendo Wicho.

Regia se acercó a Lupe, que al tocarla supo que estaba sin vida, por lo que lo miró y dijo:

-¿Por qué lo hiciste Wichito?

-Nunca se irá de mi lado, la amo mucho, viviremos juntos para toda la vida… tú tranquila ella no nos va a traicionar, es muy calladita…

-Qué tienes Wicho, no había necesidad de…

-Ella es linda, es mi novia, verdad que es bonita.

Regia sin saber qué hacer, tomó por el brazo a Ignacio y lo llevó al baño, obligándolo a que se bañara, mientras ella hacía una llamada

-¡Ven inmediato que te necesito aquí!

Luego se fue al depósito y buscó una pala, y junto a Ignacio comenzaron abrir un hueco en el jardín de rosas, muy cerca de la casa de vacación en donde estaba la piscina, ya casi era de día por lo que Ignacio metió el cuerpo de Lupe allí, mientras decía:

-Te prometo visitarte cada mañana Lupe, porque te amo hasta el infinito, porque te amo para toda la vida, me haces tanto bien vida, para toda la vida juntos, tú y yo, mi amor, te quiero a morir…

No pasó ni media hora que en el cuarto de Ignacio se encontraba alguien, todo vestido de negro con una máscara de porcelana quien limpiaba casa gota de sangre que se encontraba en la pared, en el techo y en el piso.

Para la familia Del Monte Lupe quedó como si había huido de la casa, por lo que Rafael no se preocupó. Por su parte Maxi se sentía responsable de la chica quien sabía que Lupe se sentía a gusto en el trabajo; pero no quedaba que esperar a que llegara sus días libres para visitarla y preguntar de su pronta partida sin aviso.

SI ERES MI ESPOSA

Los días transcurrían y el amor de Rafael y Karen crecía cada vez más. Rafael se sentía cada día más enamorado de Karen por lo que ese día sería algo especial. Una copa de vino en el jacuzzi, rodeado de pétalos de rosas rojas, incienso con olor a naranja, el agua burbujeante con sidra de limón y música instrumental en el fondo.

En el Jacuzzi, cuando los dos disfrutaban de un vino rojo. Rafael le dijo a Karen

-¡Te casas conmigo mi muñequita!

Karen no podía creerlo, era un anillo que tenía en su copa. Ella lo sacó y miró a Rafael a los ojos, y los dos rebozaban de felicidad.

-Sí, sí… me caso contigo mi osito…

Karen se le zumbó encima para luego sellar su amor entre el placer y el amor.

AL VERLA

Gabriel cada día se perdía en la mirada de Stephanie. Ese día había decidido darle un beso, sentía algo en su corazón que era difícil de ocultar, por lo que como siempre salió a esperarla. Sin saber cómo de frente tenía a Ignacio y a su lado un hombre vestido de negro con una máscara de porcelana.

Gabriel vio que el mundo se le vino encima, quiso huir pero ya era tarde. El hombre de negro tenía un arma que lo apuntaba.

-¿Qué quieres?

-Ven con nosotros.

Sin decir más nada. Gabriel siguió a Ignacio y junto a él el hombre de negro. Se montaron en el carro antaño, y le obligaron a tomar un sobo de agua, por lo que Gabriel no le dio tiempo decir palabras y se quedó dormido.  Llevándolo así  a la casa fuera de la ciudad en donde una vez Marisol estuvo.

Al despertar Gabriel estaba bañado de agua fría y al frente se encontraba Regia. Gabriel trató de zafarse pero no pudo, por que optó quedarse tranquilo y hacerse que no le importaba nada. Había recordado todas esas clases de defensa propia que había tomado por lo que se tranquilizó.

Al lado de Regia estaba Ignacio ausente y sin sentimiento alguno. Y más allá el hombre de traje negro

-Bienvenido Gabriel

Gabriel miró a Regia si contestar.

-Por fin estás aquí, por mucho te esperé.

Gabriel sin más nada recordó todo aquello que había pasado y sin más nada escupió a Regia. Ésta se secó el rostro mientras que Ignacio le golpeó el rostro.

-No, no, no muy mal chico… hagas lo que hagas, estás en mis manos. Reconozco que te perdí por unos días, por culpa de ese sacerdote inepto, pero por lo demás siempre supe de todos tus pasos. Siempre supe de tus caminata con esa niña Stephanie, pobre chica que no sabe qué hacer con su vida, quizás seas yo quien le diga lo que tiene que hacer.

-Ni te atrevas a meterte con ella, porque soy capaz…

-Eres capaz de qué Gabriel, estás en mis manos y la vida de ella también está en mis manos…  si me da la gana la desaparezco.

Gabriel trató de levantarse pero era imposible.

-Veo que te importa mucho esa chica

Regia se paseaba de un lado a otro para luego agregar:

-Y yo que tenía un futuro contigo Gabriel, yo te amaba, con todas mis fuerzas, porqué me traicionaste.

Los ojos de Regia se aguaron y luego agregó:

-Pero sabes qué… estoy dispuesta a perdonarte…

-Perdonar qué loca…

-Estoy dispuesta a perdonarte todo lo que me has hecho.

-Te has vuelto loca crees que te voy a perdonar después de todo lo que me has hecho…

Regia se le acercó con ira a Gabriel y le agarró la quijada con fuerza.

-No estás muerto porque no he querido… Yo te salvé Gabriel. Gasté mucho dinero para salvarte la vida, así que tu vida es mía. Yo soy la que mando aquí, y haces lo que yo te pida, por la buenas o malas. Tú decides… y desde ahora te lo digo Gabriel, o haces lo que te pido o esa chica muere.

Gabriel se estrujaba tratando de quitarse las manos de Regia pero ella aguantaba más fuerte.

-Este es el trato. Trabajas otra vez para mí. Estarás a mis órdenes y seguirás siendo mi novio. Olvidarás el pasado y volvamos hacer la pareja feliz que siempre fuimos.

Gabriel pensó en su venganza. Dejando atrás esa posible felicidad con Stephanie. Era el momento propicio para estar a su lado y cobrarse todas esas cosas malas que había pasado y que no quería recordar.

-Me prometes no hacerle daño a Stephanie.

-Gabriel, Gabriel, Gabriel… acaso no cumplo mis promesas, acaso crees que soy un monstruo…eres tú quien no las cumples, el monstruo de esta historia eres tu… y sabes que me ha dolido mucho… no sabes cuánto me dolió tu traición.

-Está bien Regia trabajaré contigo y haré lo que me pidas…

-No, no, no… no es trabajo… es que seas mi prometido… ya te lo he dicho y no hagas que te lo repita otra vez por favor.

Desde ese día, Gabriel comenzó a acompañar a Regia. Apareció en una cena que Rafael organizó para anunciar la pronta boda con Karen.

Rafael, quedó asombrado al mirar que Gabriel había entrado a la mansión en traje totalmente blanco, en brazos de Regia Del Monte.

miércoles, 7 de julio de 2021

CAPÍTULO 18 V

 HABLAR NO SERÁ

Joe que silenciosamente aprendía los pasos de la familia Del Monte, escuchaba las historias de Diana que decía en el desespero de desahogarse:

-Sabes que conozco muy bien a la familia Del Monte.

Joe la miraba por el retrovisor, porque nunca aceptó que nadie se le sentara al lado, a menos que fuera Rafael.

-Ellos siempre, pero siempre es una mentira. Lo sé todo… y si yo quisiera en este momentos los hundiría si así lo quisiera y todos van a cárcel en este mismo instante.

Joe con deseos de preguntar pero no quería detener cualquier cosa que pudiera decir algo.

-Ese dinero y esa familia es falso… y te juro de porque me llamo Diana los veré arruinados como perros, pero eso es lo que son, unos tapetes para limpiar mis zapatos.

De repente Diana se cayó. Se secó las lágrimas y comenzó a mirar cómo la gente pasaba por las aceras fuera del vidrio que observaba y en ese instante deseó ser uno de ellos.

No pasó mucho para que se quedara dormida. Hasta sentir que Joe la tocó para despertarla y decirle que había llegado.

Al frente del bar iba saliendo Gabriel y Stephanie quienes se sorprendieron que de aquel carro se encontraba Diana sin conocimiento, por lo que Rafael la sostuvo entre brazos y la llevó a dentro.

Por su parte Joe tímidamente miró a aquella chica que parecía una estrella por lo que se sonrojó para luego decirle:

-Es un gusto señorita.

-Stephanie, ese es mi nombre…-dijo ella al presentarse.

Joe la miró de arriba abajo para luego extender su mano y decirle después de un apretón entre mano.

-Y trabajas aquí

-Sí claro, soy mesonera

-No te había visto.

-Ahora sí

TE QUEDARÁS CONMIGO POR SIEMPRE

Esa noche Ignacio, miraba la luna, era una luna grande y esplendorosa, alumbraba más que nunca, la miraba como esperando respuesta de un no sé qué y deseaba que le hablara. En ella veía el rostro de Lupe, sus ojos, su rostro y hasta el podía oler su perfume y era feliz. Sentía deseos de tenerla a su lado y quería abrazarla, besarla, quería ir a su cuarto y decirle que la adoraba.

Simplemente se quedó mirando la luna, las estrellas, el frío de la noche, luego, toma un sorbo de su copa, y se rodó un poco las mangas de la camisa hacia arriba y se la soltó de su pantalón.

Luego, sintió unas frías manos que le tapó sus ojos.

-¡Adivina quién soy!

Deseó que fuera Lupe, desde siempre supo que era ella, sus delicadas manos, su voz suave y apacible, por lo que Ignacio sonrió para luego voltearse, tomándola de la cintura para luego decirle:

-Mi amor, eres tú mi vida, te amo.

Sus labios se juntaron sin estridencias para besarse profundamente.

-También te amo, te amo muchísimo Ignacio, eres el amor de mi vida, y prefiero morir que estar sin ti.

Ignacio enredó sus manos con la cabellera de Lupe y con la otra la fue llevando a sus pechos. Por lo que ella lo detuvo para luego decirle:

-No, no por favor.

-No tienes nada que temer, te haré feliz, siempre te respetaré, y si me dices que no, no pasará nada.

Ella lo miró a los ojos y le colmó de besos en las mejillas y en el cuello mientras pasaba sus manos por sus pechos.

-Tengo miedo.

-Conmigo no tienes nada que temer, siempre me tendrás a tu lado.

El la cargó hasta su habitación. Lupe jamás había entrado a su alcoba. Era una habitación llena de luces y espejos. Tenía un cuadro de oleo de Regia montada en un caballo y él a su lado y en el fondo estaba colmado de un jardín de rosas rojas.

-Este cuarto es raro –comentó Lupe

-En este momento solo me importas tú Lupe. Lo demás no me importa.

Lupe miró sus ojitos aguados y vio una lágrima correr por sus mejillas.

-¿Qué te pasa Ignacio?

-No me pasa nada, solo que soy feliz Lupe, tú me haces muy feliz y no quiero vivir sin ti.

-Yo también soy feliz a tu lado mi amor.

-No quiero que este momento termine jamás.

Ignacio cruzó sus dedos con las de ella, y volvió a mirarla a los ojos, se le fue acercando y mordió sus labios, para luego subirle el vestido mientras ella temblorosamente poco a poco le fue desabotonando la camisa, después la correa y el pantalón.

Lupe moría de nervios, su corazón palpitaba fuerte, igualmente que el de Ignacio. Para él le era más fácil, pues la lo había vivido pero para ella era la primera vez de estar con un hombre. Ni siquiera con Mario que solo una vez se atrevió tocarle los senos mientras la besaba, pero ella lo detuvo y no quiso llevarlo a otro nivel.

Ignacio la besaba con frenesí, hasta quitarle el brazier, y al verla en esa silueta toda temblorosa la tomó entre sus brazos y la  llevó a la cama.

-Tengo miedo –susurró ella

-Aquí me tienes, jamás me iré de tu lado, eres mía.

De pronto los dos en la cama se amaban con ternura, él la acariciaba como nunca lo había hecho y ella había dejado de temer, sentía la pasión y el ardor de un corazón que amaba con sinceridad.

-Eres lo mejor que me ha pasado –decía él

-Te amo.

Lupita lloraba y él le secaba las lágrimas.

-No llores mi amor.

-No sé si lo estoy haciendo bien.

-Eres una diosa, mi diosa.

Eran los únicos en el mundo, Lupe e Ignacio, Ignacio y Lupe, un te amo, un te quiero, un deseo, el placer, el amor. Porque hacer el amor era el símbolo y el sello de un amor eterno, una confesión y el descubrirse uno al otro. La alegría, la tristeza, la esperanza, el dolor, de una mujer y un hombre, porque la mujer y el hombre nacieron para amarse para toda la vida, porque fueron creados para estar juntos para toda la vida, él, ella. Y que después de amarse, se quedan abrazos en la cama después de orgasmos y sentir ese frenesí que explota con amor y cariño. Se acerca el amanecer los dos juntos, abrazados, ya no hay nada que decir, solo sentir y pegar sus cuerpos y arribando al calor de la piel, escuchar la respiración, los gemidos que de vez en cuando se decían te amo.

Ignacio recordó la luna, las estrellas, el rostro de Lupe, de la confesión de un te amo para toda la vida, de un te quiero para toda la vida y sellaría ese amor, en no perder nunca más a una mujer, porque sabía que Lupe todavía seguía siendo novia de Mario, los había visto juntos, no quería perderla porque esa noche se juraron amor eterno y como los juramentos siempre se rompen como el juramento que le hizo la Guaricha y nunca fue fiel, y esta vez no pasaría lo mismo, la quería a morir, para toda la vida.

Esa luna llena, y su rostro en ella se quedaría allí por siempre con él por lo que tomó una almohada. Lupe dormía, Sin ropa siquiera, en el calor de sus brazos, estaba confiada, confiaba en él y le puso la almohada en su rostro. Al principio lo dudo, ella no sintió nada, pero lentamente fue presionando hasta que ella comenzó a quitarse la almohada y el fue presionando aún más. Lupe trataba de gritar pero no podía por lo que trataba de soltarse, sus pies se movían de un lado a otro y él se le monto encima y decía:

-Eres mía Lupe para siempre, para toda la vida, nadie se va a quedar contigo, te amo, te amo, te amo… eres mi luna, mi estrella, mi cielo,  mi cielo, te amo, te amo, te amo, te quiero a morir.

Lupe no dejaba de moverse, por lo que sacó un cuchillo que tenía muy cerca y se lo presionó en el pecho una y otra vez. Su cama se llenó de sangre, pero él no dejaba de apuñalarla mientras decía:

-Viviremos por siempre mi amor, eres mía y de nadie más, nos casaremos, tendremos hijos, y siempre estará a mi lado mi amor, te amo, te amo, te amo… que bonito mi amor, eres mía, soy feliz, muy feliz a tu lado, te quiero a morir para toda la vida.

El corazón de Ignacio estaba muy acelerado y el cansancio le llegó de pronto, por lo que se calmó y se fue desvaneciendo encima del cuerpo sin vida de Lupe. Para luego recostarse a su lado y quedarse dormido, mientras murmuraba te amo, te amo, te amo Lupe, te quiero a morir. 

martes, 6 de julio de 2021

CAPÍTULO 18 IV

AMOR INFINITO

El amor que Rafael sentía  por Karen crecía cada vez más. Su amor se iba fortaleciendo cada día aún más. Rafael pasaba días sumergido en sus negocios. De estar en un lugar a otro mientras en ocasiones Karen lo acompañaba y en otras solo se quedaba en el hotel disfrutando de los servicios que las instalaciones que le brindaba.

Llegaba la hora para que Rafael llevara a Karen a la mansión. Esa noche él se vistió todo de blanco con un pañuelo morado en la parte izquierda de su pecho. Y a su lado Karen con un vestido todo pegado a su cuerpo que le hacía notar toda su silueta y un poco más arriba de sus rodillas, tenía unos tacones muy altos como a ella le gustaba, en su mano derecha un cartera de mano brillante con piedras moradas también y el cabello todo recogido.

En la entrada de la mansión, Rafael la detuvo y sacó de su saco una cajita dorada y la  abrió para luego decirle, esto es para ti. Karen se emocionó y el dio un beso en los labios para luego agregar:

-¡Qué hermoso mi amor!

Ella abrió la cajita y era un collar con incrustaciones de brillantes y en el medio había un corazón también con una incrustación de diamante. Rafael tomó el collar y se lo puso en el cuello y luego le dijo:

-Es tuyo mi amor. Es símbolo de nuestro amor.

Joe terminaba de acomodar el carro, que todavía le hacía favores a Rafael cuando en eso pasó Diana furiosa.

-¡Él es mío! Ese vestido es mío, ese collar es mío…

Karen se quedó asombrada sin saber lo que pasaba, se quedó pasmada. Rafael inmediatamente sostuvo a Diana por la cintura por lo qué no dejó que tocara a Karen

-Diana qué te pasa, qué haces aquí.

-Me juraste que me amabas y que te ibas a casar conmigo.

Diana que estaba un poco embriagada comenzó a caerle cachetada a Rafael.

-¡Cálmate Diana! Nunca te prometí nada…

-Sí lo dijiste.

-Acaso no te acuerdas…

Rafael se le había olvidado todas aquellas noches de pasión  y lujuria que alguna vez tuvo con Diana. Ahora solo le importaba estar al lado de Karen, quien le despertaba momentos de pasión y placer, sobre todo el cariño que tanto deseó desde antes casarse con Erika, esa misma pasión que sintió con la madre de Joe. En Diana solo buscó cubrir esos momentos de soledad y nostalgia, sin embargo, jamás pensó en dejar, seguiría de la misma manera saciando los deseos impropios, pero por ahora solo se concentraba en Karen.

-No me detengas imbécil, suéltame, ahora mismo vas a saber quién soy –Repetía Diana colérica.

En eso llego Joe, quien tomó por el brazo a Diana y se la llevó a la cocina, por órdenes de Rafael.

-Dale un poco de agua… que se calme y luego la llevas al bar

-Sí señor.

Rafael se acomodó el traje y volvió a tomar por el brazo a Karen y entraron a la casa.

-¿Quién es ella?

-Mi pasado mi amor, tu eres mi presente y mi futuro.

Karen se lo quedó mirando para luego agregar:

-Debo preocuparme…

-No mi amor… aquí estoy para ti.

Ya adentro se encontraba Regia quien con recelos y ansiosa esperaba la llegaba de Karen, mientras Ignacio con calma solo pensaba en Lupe, y las ganas de volverla a ver, a pesar de que no hacía cinco minutos que la había visto.

-Wichito, tienes la cara de estúpido otra vez –dijo Regia mientras con rabia veía a Ignacio

-¿De qué hablas?

-Que te pones atontado, ido, no me haces caso y eso me enfureces porque pierdes la concentración. Sabes que te quiero Wichito y no te quiero ver sufrir

-Sí es verdad Regia, estoy enamorado, pero muy enamorado otra vez, esta vez no te quiero mentir.

-Miren pues, mi Wichito está enamorado.

-Es una chica humilde, no tiene mucho que dar, pero así la amo.

-Confío que esta vez Wichito, elijas muy bien lo que vas hacer.

-Seguro que sí Regia, ya la vas a conocer.

Rafael se acerba con Karen tomada del brazo y se acercó a Regia para darle un beso en las mejillas.

--Hija mía te vez radiante como cada día.

Regia llevaba un vestido color aguamarina todo pegado arriba y abajo con frices y un cinturón del mismo color del vestido y un lazo en su cabellera con unos zarcillos largos de delfines y una bufanda que la rodeaba por el cuello.

-Padre… qué bueno verte, te ves tan galán como siempre.

-Ella es…-dijo Rafael

-Karen, es un gusto conocerte. –Agregó Regia

Rafael se quedó asombrado por la respuesta de su hija, pero no quiso preguntar, por su parte Regia se acercó a Karen y le dio un beso en la mejilla izquierda para luego abrazarla y finalmente dijo:

-Eres bienvenida Karen, presiento que seremos buenas amigas.

Karen le correspondió el saludo y le pareció que Regia era una jovencita muy educada y le inspiró confianza.

-Es un gusto señorita Regia

-No me llames señorita, solo Regia.

-Así será Regia…

Regia sonrío al igual que Karen. Mientras en los pensamientos de Regia decía “ni por mil años serás mi madrastra, perra y no mereces a mi padre, tampoco mi dinero, primero muerta” y en los pensamientos de Karen resonaba “todo esto será mío, es muy fácil acostumbrarse a esta vida”.

EN CONSECUENCIAS

Mientras tanto en la cocina se encontraba Joe con Diana, quien trataba de calmarla y quien lloraba de despecho y rabia.

-Sabes que tengo años esperando por él –Dijo Diana lagrimosa.

Joe sacó un pañuelo de su bolsillo y se le dio.

-Sé que es así, pero no puedes hacer nada.

-Me dijo que no se podía casar conmigo porque estaba casado y ahora que está libre… pues se busca a otra… tu me entiendes, me dijo que se casaría conmigo, ahora otra vez estoy afuera de su vida… porqué tuve que enamorarme de él así, dime señor.

-Joe, mi nombre es Joe…

Está bien Joe, dime en dónde está él… llámalo que quiero hablar con él…

En eso, entró Regia a la cocina, quien casi nunca lo hacía. En eso Diana se silenció y se levantó de la silla. Se secó las lágrimas por lo que Joe se asombró por la reacción de Diana, quien se suponía que no la conocía.

-Diana qué haces aquí…

-Vine por tu padre.

-Sabes bien Dianita que mi padre no es hombre para ti.

-Claro que sí, claro…

Regia interrumpió a Diana para luego agregar:

-¿Qué te he dicho Diana?

Diana volvió a cambiar la actitud de su rostro para luego decir:

-Lo que usted diga Regia.

-Muy bien mi niña, muy bien, eres muy obediente.

A Joe le pareció extraña toda esa conversación, para luego decir:

-Puedo preguntar lo que está pasando aquí.

-Nada Joe, Dianita y yo nos conocemos desde hace años, gracias a la putería de mi padre. Nos hicimos amigas.

-No tan amigas.

-Solo te pedí distancia Dianita, no te quiero ver en mi casa, toma tus cosas y vete de aquí inmediatamente.

Diana sin más nada y sin  réplica se acomodó y Joe la siguió para llevarla a su hogar.

 
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